Almacenes llenos de donaciones que no llegan a los damnificados
Redacción de CubitaNOW ~ sábado 29 de noviembre de 2025
En Santiago de Cuba, los almacenes rebosan de donaciones que deberían aliviar la difícil situación de miles de familias tras el paso de huracanes y otras emergencias. Sin embargo, lo que debería ser un acto de solidaridad se convierte en un escándalo de injusticia: los productos no llegan al pueblo que los necesita, sino que desaparecen detrás de cortinas invisibles, vendiéndose o guardándose para otros fines.
La indignación crece mientras los niños, ancianos y personas vulnerables siguen esperando lo que les corresponde por derecho.
En barrios como Laguna Blanca y Contramaestre, muchas familias no han recibido nada y continúan enfrentando problemas básicos como la falta de electricidad. La situación se vuelve aún más cruel cuando los niños en edad escolar, de 4 a 14 años, reciben una ración mínima o productos caducados, impidiéndoles acceder a una alimentación digna mientras los almacenes permanecen llenos.
Las donaciones internacionales, destinadas a emergencias, a menudo son usadas para beneficiar a algunos pocos, dejando al pueblo en la miseria.
Testimonios de la propia población denuncian que incluso productos recientes se entregan de manera irregular, con criterios confusos y discriminatorios. Muchos ciudadanos reportan que los módulos llegan tarde, incompletos o con alimentos que ya no son aptos para el consumo. Lo que debería ser un apoyo humanitario se transforma en un negocio encubierto, donde las necesidades reales de la gente son ignoradas y se prioriza la conveniencia de unos pocos.
El malestar popular no es solo por la escasez, sino por la sensación de abandono y traición. Cada donación que no llega a su destino refleja una falta de transparencia y un desprecio absoluto por los derechos básicos del pueblo. La indignación se extiende desde las bodegas hasta las redes sociales, donde los ciudadanos comparten experiencias de injusticia y llaman a exigir lo que legítimamente les pertenece.
Mientras tanto, la pregunta sigue siendo la misma: ¿hasta cuándo las donaciones, que son del pueblo, serán desviadas para otros fines? Cada ración que se esconde, cada producto que se vende antes de llegar a manos de quienes lo necesitan, es una herida abierta en la conciencia colectiva.
El hambre y la falta de acceso a productos esenciales no pueden seguir siendo el precio que paga la población mientras otros se enriquecen con lo que debería ser un acto de solidaridad. La hora de la justicia y la transparencia ha llegado, y el pueblo exige respuestas inmediatas.
Del perfil de Yosmany Mayeta