El nieto de Fidel Castro, Sandro Castro, se mantiene distante del círculo de poder cubano, esquiva definir el futuro de Miguel Díaz-Canel y genera polémica con sus declaraciones y videos, mientras la opinión pública cuestiona sus motivaciones y el trato mediático que recibe.
Sandro Castro, nieto del histórico líder cubano Fidel Castro, ha vuelto a acaparar la atención mediática en Cuba y el exterior tras una serie de declaraciones y publicaciones en redes sociales que combinan crítica, ambigüedad y un marcado protagonismo personal. En recientes entrevistas con canales internacionales como Red+ Noticias y CNN, Sandro negó tener cercanía con Raúl Castro o con el núcleo del poder cubano, asegurando que su vida se centra en sus negocios y actividades personales, y que no posee acceso privilegiado pese a su apellido.
“Yo como joven, yo hago mi vida independiente, estoy en mis negocios luchando lo mío, no puedo responderte nada ahí porque sería un mentiroso”, afirmó, desmintiendo la percepción de muchos cubanos sobre un acceso directo a las decisiones políticas.
Cuando se le cuestionó sobre si Miguel Díaz-Canel debería abandonar la presidencia, el nieto de Fidel eludió la respuesta, atribuyendo la interrupción a problemas de electricidad durante la transmisión, aunque reconoció que la situación en Cuba era difícil y que “hay que cambiar lo que debía ser cambiado”. Desde su perspectiva, se presenta como un “revolucionario de ideas, de progreso y de cambio”, sin asumir responsabilidades directas sobre las decisiones del gobierno.
Paralelamente, Sandro publicó un video en redes sociales en el que, arropado por la bandera cubana, se dirige a la población con un mensaje mesiánico: “Estamos agonizando, luego depuraremos y las heridas con el tiempo irán cicatrizando”. Con un tono que mezcla empatía y protagonismo personal, afirmó ser más que un “vampiro”: un “ángel de luz” para sus seguidores, instándolos a mantener la fe y la esperanza, mientras enfrenta la crítica pública sobre su posición de privilegio.
La reacción en redes sociales ha sido inmediata y polarizada. Muchos cubanos cuestionan las contradicciones entre sus palabras y la realidad del país, marcado por apagones, escasez de alimentos y falta de libertades. Usuarios calificaron sus declaraciones como cínicas u oportunistas, acusándolo de aprovechar la visibilidad internacional para adaptarse a cambios posibles sin perder los beneficios heredados de su familia. El contraste entre su libertad para expresarse y la represión que enfrentan ciudadanos comunes por opiniones similares ha generado acusaciones de impunidad y desigualdad.
La cobertura de los medios también ha sido objeto de crítica. Periodistas como Luz Escobar denunciaron un “blanqueo” de su imagen en la entrevista de CNN, por la falta de preguntas incisivas y el tono complaciente, mientras que otros señalaron que la cadena otorgó un protagonismo desproporcionado a alguien sin cargo político, ignorando voces críticas que permanecen silenciadas en Cuba. A pesar de estas críticas, Sandro Castro se ha consolidado como un actor central del debate sobre la isla, convirtiéndose en un símbolo tanto de privilegio como de la polarización que enfrenta la sociedad cubana.
Entre entrevistas, videos y comentarios públicos, la figura de Sandro Castro sigue generando controversia: representa una mezcla de cercanía histórica al poder y distancia real en términos políticos, mientras su discurso y estilo de vida provocan un debate sobre la legitimidad, la oportunidad y la justicia en un país con profundas desigualdades y demandas de cambio.
Fuentes: AA Américas