La llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia de Colombia marca un giro político profundo frente al proyecto de Gustavo Petro. El nuevo mandatario asumió el 7 de agosto con un discurso centrado en seguridad, lucha contra el crimen organizado y una revisión de la política exterior, mientras que una de sus decisiones más contundentes ya estaba anunciada: cerrar la embajada colombiana en La Habana y romper los vínculos diplomáticos con Cuba y Nicaragua. La medida representa una ruptura especialmente significativa con la relación que el Gobierno de Petro mantuvo con el régimen cubano.
Colombia comenzó una nueva etapa política con la llegada de Abelardo de la Espriella a la Casa de Nariño. El relevo no supone únicamente un cambio de presidente, sino también un fuerte contraste ideológico con el gobierno de Gustavo Petro.
Mientras Petro construyó buena parte de su política exterior alrededor de una mayor cercanía con gobiernos de izquierda de la región y defendió el diálogo con La Habana, De la Espriella llega con una agenda de derecha, énfasis en seguridad y una posición mucho más dura frente a determinados regímenes latinoamericanos.
La diferencia ya tiene una expresión concreta: Cuba.
Antes de asumir, De la Espriella anunció que su gobierno cerraría la embajada colombiana en La Habana y rompería los vínculos diplomáticos con la Isla. La decisión forma parte de un plan más amplio para reducir la red diplomática colombiana, que contempla el cierre de 14 embajadas y cerca de 15 consulados.
El anuncio provocó una rápida reacción del Gobierno cubano. El Ministerio de Relaciones Exteriores calificó la decisión de “subordinación” a la política estadounidense y defendió los vínculos históricos entre ambos países.
El contraste con Petro difícilmente podría ser mayor. Durante su administración, Cuba tuvo un papel relevante en la política colombiana, especialmente por su histórico vínculo con los procesos de paz y por la disposición del Gobierno colombiano a mantener canales abiertos con La Habana.
De la Espriella, en cambio, plantea una política exterior basada en reducir relaciones que considera poco convenientes y concentrar recursos en espacios estratégicos. También ha prometido una política de mano firme contra el narcotráfico, el crimen organizado y los grupos armados. Su toma de posesión en Cali, en lugar de Bogotá, reforzó además la imagen de ruptura con algunas tradiciones políticas.
El nuevo presidente también anunció medidas diplomáticas respecto a otros países y una reorganización de la presencia colombiana en el exterior, mientras se plantea fortalecer relaciones consideradas estratégicas.
Para Cuba, sin embargo, el mensaje es especialmente incómodo: el nuevo Gobierno colombiano no solo cambia de orientación política, sino que amenaza con retirar uno de los canales diplomáticos que durante años permaneció abierto entre Bogotá y La Habana.
La ruptura todavía debe materializarse administrativamente, pero el cambio de tono ya es evidente: con Petro predominó el acercamiento; con De la Espriella, comienza la etapa del distanciamiento.
Fuente: Euro News - La Vanguardia - CNN en español
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