Un informe reciente denuncia el deterioro del sistema de abastecimiento de agua en La Habana, donde los cortes prolongados han llevado a miles de residentes a depender de soluciones informales para cubrir necesidades básicas.
La situación del abastecimiento de agua en La Habana atraviesa uno de sus momentos más críticos en años, de acuerdo con una denuncia publicada por la organización Food Monitor Program. El informe describe un escenario marcado por fallos estructurales, apagones prolongados y la expansión de un mercado informal que condiciona el acceso a un recurso esencial.
Según la ONG, el colapso del sistema eléctrico nacional ha tenido un impacto directo en la capacidad de bombeo de agua, ya que gran parte de la infraestructura depende de la energía para su funcionamiento. Desde el apagón general registrado en octubre de 2024, numerosos barrios de la capital cubana —incluyendo zonas céntricas— han experimentado interrupciones prolongadas del servicio, llegando en algunos casos a semanas sin suministro.
Ante esta realidad, muchos ciudadanos han recurrido a alternativas fuera del sistema estatal. Entre las más extendidas se encuentran las llamadas bombas succionadoras, conocidas popularmente como “ladrones de agua”, que permiten extraer el líquido directamente de las tuberías. Sin embargo, su uso reduce la presión en la red y agrava el problema para quienes no cuentan con estos dispositivos, generando un efecto en cadena que profundiza la escasez.
Otra opción cada vez más común es la compra de agua a través de camiones cisterna privados. Estos servicios, aunque ilegales en muchos casos, se han convertido en una vía recurrente para abastecer hogares, especialmente cuando el suministro oficial falla durante largos periodos. No obstante, los altos precios de estas alternativas representan una carga económica significativa para la población.
El informe también señala prácticas irregulares dentro del propio sistema, como la venta de conexiones ilegales o el desvío de recursos por parte de trabajadores vinculados al sector hidráulico. Estas dinámicas contribuyen a consolidar un entorno donde el acceso al agua depende, en gran medida, de la capacidad de pago o de redes informales.
Las consecuencias de esta crisis se reflejan en la vida cotidiana: dificultades para realizar tareas básicas como cocinar, limpiar o mantener la higiene personal. Los grupos más vulnerables, como adultos mayores o familias con menos recursos, resultan especialmente afectados.
Aunque las autoridades han anunciado medidas puntuales, como la construcción de nuevos pozos, especialistas y residentes coinciden en que se requieren soluciones estructurales para enfrentar un problema que combina deterioro de infraestructura, dependencia energética y fallas en la gestión.
Fuente: Food Monitor Progam
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