Familias damnificadas por el huracán Melissa en Guantánamo denuncian que las viviendas modulares vendidas por el Estado presentan filtraciones, fallos eléctricos y graves deficiencias, pese a su elevado costo en el contexto económico cubano.
La crisis habitacional en Cuba ha adquirido un nuevo matiz tras las denuncias de varias familias en la provincia de Guantánamo, quienes aseguran haber recibido viviendas construidas a partir de contenedores metálicos en condiciones deficientes, a pesar del alto precio que debieron pagar por ellas. Estas unidades fueron presentadas como una solución moderna y rápida para los damnificados del huracán Melissa, pero la realidad dentro de ellas dista mucho de lo prometido.
Las viviendas, ubicadas en la zona de Carretera 3 Sur, fueron entregadas a unas 20 familias que lo perdieron todo tras el paso del ciclón en octubre de 2025. Cada módulo tiene un costo cercano al millón de pesos cubanos, una cifra extremadamente elevada si se compara con el salario medio en la isla, que apenas supera los 6.000 pesos mensuales.
Sin embargo, los residentes aseguran que las condiciones de habitabilidad son precarias desde el primer día. Techos con filtraciones constantes, tuberías de agua dañadas o inexistentes, y sistemas eléctricos mal instalados forman parte de los problemas más comunes. Algunos habitantes han denunciado incluso riesgos de cortocircuitos debido a enchufes defectuosos y cableado expuesto.
La situación genera indignación entre los afectados, quienes consideran que el precio no guarda relación alguna con la calidad del producto recibido. En términos prácticos, una familia cubana promedio tendría que destinar más de una década de ingresos completos para poder pagar una de estas viviendas, sin contar gastos básicos de alimentación, transporte o servicios.
El programa estatal de contenedores fue presentado como parte de un plan de recuperación habitacional tras el huracán Melissa, que afectó gravemente al oriente del país. No obstante, la ejecución del proyecto ha sido cuestionada por la falta de supervisión técnica y la calidad final de las obras entregadas.
A esta problemática se suma el lento avance en la reconstrucción general de viviendas dañadas en la región, donde apenas una fracción de los hogares afectados ha sido reparada meses después del desastre natural. Esto ha profundizado la sensación de abandono entre los damnificados, que aún esperan soluciones efectivas.
Mientras las autoridades destacan inversiones millonarias en programas de vivienda, los testimonios de los residentes reflejan otra realidad: estructuras metálicas con filtraciones, instalaciones defectuosas y precios que resultan inalcanzables para la mayoría de la población. La promesa de una solución habitacional digna se enfrenta así a la dura realidad del deterioro constructivo y la crisis económica del país.
Fuente: Periódico Cubano
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