Entre el primero de enero y el seis de febrero, las provincias de Pinar del Río, Artemisa y Matanzas registraron incendios forestales que afectaron bosques naturales y plantados, según reportes del Departamento de Manejo del Fuego de la Jefatura Nacional del Cuerpo de Guardabosques (CGC), del Ministerio del Interior, divulgados por la Agencia Cubana de Noticias.
En total, se reportaron siete incendios en Pinar del Río, tres en Artemisa y uno en Matanzas, además de seis en la Isla de la Juventud, sumando 130,61 hectáreas afectadas. Estos datos se incluyen en la campaña nacional anual del CGC, que tiene como objetivo contrarrestar los incendios forestales mediante planes de prevención, capacitación y operaciones que se extienden habitualmente de enero a mayo.
La experiencia acumulada por más de 25 años indica que Cuba cuenta con zonas especialmente propensas a incendios de gran magnitud, condicionadas no solo por la variabilidad climática sino, en gran medida, por acciones humanas irresponsables. Los expertos advierten que, aunque la temporada oficial va hasta mayo, la ocurrencia de incendios se ha extendido también a los meses de junio, julio y agosto, debido a períodos prolongados de sequía y otros factores meteorológicos.
Históricamente, marzo y abril concentran el mayor número de deflagraciones, mientras que entre enero y mayo se produce el 96% de los incendios anuales. Las provincias más vulnerables incluyen Pinar del Río, Matanzas, Villa Clara, Camagüey, Holguín y la Isla de la Juventud, donde la combinación de vegetación seca y poca conciencia sobre el riesgo aumenta la probabilidad de incidentes.
La grave situación económica que atraviesa Cuba dificulta aún más la capacidad de respuesta ante los incendios forestales. La escasez de combustible, la falta de financiamiento y la limitada disponibilidad de equipos modernos de combate a incendios reducen significativamente la eficacia de las brigadas y cuerpos de bomberos en zonas críticas. Muchos municipios carecen de recursos básicos como camiones cisterna, bombas portátiles y herramientas de control rápido, lo que obliga a los guardabosques y voluntarios a depender de métodos improvisados y menos efectivos, aumentando el riesgo de que un incendio menor se transforme en un desastre de mayor magnitud.
Además, la crisis financiera limita la inversión en programas preventivos, capacitación, señalización de áreas de riesgo y mantenimiento de cortafuegos, todos elementos fundamentales para reducir la ocurrencia y expansión de fuegos. La combinación de estas carencias con la falta de conciencia ciudadana y la alta incidencia de negligencias humanas genera un escenario donde los incendios no solo son frecuentes, sino también mucho más difíciles de contener, poniendo en riesgo no solo los ecosistemas sino también la seguridad de comunidades enteras.
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