Foto: Diario Las Américas
Cuba puso en marcha desde este 1 de abril una transformación estructural en su sistema de distribución de alimentos, marcando el fin del subsidio universal que durante décadas caracterizó a la libreta de abastecimiento.
La medida, confirmada en reuniones gubernamentales en La Habana, establece un cambio de enfoque: los subsidios dejarán de aplicarse a los productos y se concentrarán únicamente en personas consideradas vulnerables. Esto implica que una parte de la población comenzará a pagar precios más altos por alimentos básicos, mientras otra seguirá recibiendo apoyo estatal.
Según la información divulgada por medios oficiales, los productos continuarán bajo control, pero se comercializarán a precios distintos a los actuales. En este nuevo esquema, el Estado subsidiará directamente a determinados grupos sociales y no a los bienes en sí.
El ajuste rompe con la lógica igualitaria que definió el sistema desde su creación en 1962. Durante décadas, la libreta garantizó un acceso uniforme —aunque limitado— a productos esenciales. A partir de ahora, se introduce una diferenciación entre consumidores que modifica ese principio.
Las autoridades han defendido la reforma como parte de una estrategia para eliminar el “igualitarismo” y reducir la dependencia de importaciones. También han señalado que el abastecimiento dependerá en mayor medida de la producción local de cada territorio, en un intento por descentralizar la distribución.
No obstante, persisten interrogantes clave. Aún no se ha precisado qué productos estarán incluidos en este nuevo modelo, cómo se definirá quiénes recibirán subsidios ni cuáles serán las diferencias de precios entre los distintos grupos.
El cambio llega en un contexto complejo, marcado por atrasos en la entrega de productos básicos, escasez en varios territorios y una crisis energética que afecta el transporte y la logística. A ello se suma un escenario de inflación y pérdida de poder adquisitivo que podría amplificar el impacto de la medida.
Aunque el Gobierno presenta la reforma como necesaria para optimizar recursos, el nuevo modelo introduce un punto de inflexión en el sistema: desde ahora, la canasta básica en Cuba deja de ser igual para todos.
Fuentes: Tribuna de La Habana y Directorio Cubano