La reacción de la dictadura cubana tras el arresto de los integrantes del proyecto independiente El4tico ha sido tan reveladora como alarmante. Lejos de ofrecer explicaciones legales, presentar cargos claros o garantizar el debido proceso, el régimen optó por lo que mejor sabe hacer cuando se siente amenazado: desatar una campaña de difamación pública, cargar de odio el discurso oficial y convertir la crítica en traición.
A través de el primer secretario del Partido Comunista (PCC) de Holguín, Joel Queipo, el poder lanzó un mensaje plagado de insultos, consignas y acusaciones sin pruebas, calificando a los jóvenes arrestados como “vende Patria”, “asalariados” y “agentes del imperialismo”. En su narrativa, no se trata de creadores críticos ni de ciudadanos inconformes, sino de supuestos enemigos al servicio de una agenda extranjera destinada a “derrocar la Revolución”.
El mensaje no aporta evidencias, no menciona delitos concretos ni hace referencia a procedimientos judiciales. En cambio, apela al viejo libreto del régimen: invocar una supuesta amenaza de invasión, exagerar conspiraciones externas y justificar la represión como un “derecho de la Patria”. La virulencia del discurso deja en claro que el objetivo no es informar, sino deshumanizar a los detenidos y preparar el terreno para legitimar su castigo.
Este ataque verbal llega en un momento clave. La detención de los jóvenes de El4tico ha generado una creciente reacción internacional y una campaña de denuncia que incomoda seriamente al poder. Ante la presión externa, el régimen responde con miedo, cerrando filas y atacando no solo a los detenidos, sino también a quienes exigen su liberación.
Detrás del ruido propagandístico, quedan los hechos. El4tico es un proyecto independiente creado por jóvenes cubanos de Holguín que han ejercido una crítica frontal contra la dictadura desde las redes sociales. Su alcance, lenguaje directo y capacidad de conectar con el descontento popular los convirtió en un blanco. En Cuba, opinar sin permiso sigue siendo un delito.
La respuesta del régimen confirma que no se trata de un caso aislado, sino de un patrón. Primero, el arresto arbitrario. Luego, el silencio institucional. Finalmente, la difamación pública. Así funciona el aparato represivo cubano cuando enfrenta una crítica que no puede controlar.
Al atacar a El4tico con tanta furia, la dictadura deja al descubierto su mayor debilidad: el temor a que la palabra libre siga rompiendo el cerco del miedo. Y mientras el poder grita consignas, dos jóvenes permanecen privados de libertad por el simple acto de pensar y expresarse.
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