Banderas de EE.UU. pasean por Camagüey
Redacción de CubitaNOW ~ martes 10 de febrero de 2026
En los últimos días han comenzado a circular imágenes de jóvenes recorriendo calles de Camagüey en motocicletas, portando banderas de Estados Unidos. El material aún está en proceso de verificación —fecha exacta, ubicación precisa y duración del recorrido—, pero incluso con esas reservas, el contexto en el que aparece no es un detalle menor.
En Cuba, y particularmente en determinadas provincias, los símbolos rara vez son inocentes.
Camagüey no es un punto cualquiera del mapa. Es la misma provincia donde, el 1 de febrero de 2026, se organizaron actos de repudio contra Mike Hammer, jefe de la misión de Estados Unidos en Cuba, durante su visita a la ciudad. Aquellos episodios, documentados en redes sociales y reportados por diversos medios, mostraron escenas de hostigamiento frente a un hostal u hotel donde se encontraba el diplomático. La maquinaria del poder se activó con rapidez, demostrando que el control simbólico y político del espacio público sigue siendo una prioridad para el régimen.
Por eso, la aparición de banderas estadounidenses en motos recorriendo la ciudad, aun sin confirmación plena de todos los detalles, adquiere una lectura inevitablemente política. En un entorno donde los gestos públicos están vigilados, regulados y, en muchos casos, coreografiados, cualquier acción que se salga del guión oficial se interpreta como mensaje, desafío o provocación. No importa si quienes las portan lo hacen por moda, curiosidad o simple irreverencia juvenil: el contexto redefine el significado.
La historia reciente de Cuba ha demostrado que los símbolos —banderas, consignas, colores— pesan tanto como los discursos. Una bandera no es solo tela; es una narrativa condensada. En Camagüey, donde hace apenas días se escenificó el rechazo organizado a un representante diplomático extranjero, la circulación de esas imágenes funciona como un espejo incómodo. Revela tensiones latentes, fisuras en el relato único y una juventud que, consciente o no, explora los límites de lo permitido.
No se trata de exagerar ni de sacar conclusiones apresuradas. La prudencia obliga a esperar confirmaciones y a evitar lecturas definitivas. Pero también sería ingenuo ignorar el clima en el que ocurren estos hechos. En la Cuba actual, y especialmente en provincias donde el control político se exhibe sin pudor, nada “fuera del guión” pasa desapercibido.
Camagüey vuelve a ser, una vez más, un termómetro. Y aunque el mercurio aún no se ha estabilizado, las señales están ahí, visibles para quien quiera —o se atreva— a leerlas.
Fuente: Mario Vallejo