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Dictadura reconoce naufragio de la capital aunque sigue 'soñando' en Pleno Extraordinario del Comité Provincial del Partido

Redacción de CubitaNOW ~ sábado 31 de enero de 2026

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Por primera vez en años, el discurso oficial cubano dejó caer la máscara. No fue una denuncia opositora ni un reporte independiente lo que expuso el desastre de La Habana, sino un documento del propio Partido Comunista. En un gesto tan inusual como revelador, el régimen reconoció el colapso de la capital en casi todos los ámbitos esenciales de la vida cotidiana: transporte, vivienda, agua, salud pública e infraestructura urbana.

Las cifras hablan con una crudeza difícil de maquillar. El transporte público apenas cumple el 42 % de lo planificado; la construcción de viviendas se desplomó al 41 %. La producción física general se redujo a la mitad. A ello se suma un dato especialmente sensible: la mortalidad infantil alcanzó 14 por cada mil nacidos vivos, la tasa más alta del país, desmontando uno de los pilares más repetidos de la propaganda oficial.

Lo que el informe intenta presentar como “esfuerzos del Partido” termina funcionando como un acta de confesión. La recogida de basura no avanzó, la poda y el reciclaje quedaron abandonados, y el suministro de agua estuvo afectado entre un 3 y un 20 % durante el año. Detrás de esos porcentajes hay realidades concretas: barrios sin transporte, calles convertidas en vertederos, familias que pasan días enteros sin una gota de agua corriente.

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A pesar de este panorama, el texto insiste en que La Habana fue “superavitaria” y que las empresas estatales “sobrecumplieron” sus planes.

Liván Izquierdo Alonso, primer secretario del partido en La Habana se refirió a la entrega de tierras en usufructo, el abastecimiento de agua, el enfrentamiento a las ilegalidades y las acciones para reducir la mortalidad infantil y atender al adulto mayor;  Roberto Morales, secretario de Organización del Comité Central reflexionó con los asistentes sobre la necesidad de un sistema de trabajo centrado en la vinculación con la base y  Díaz-Canel reiteró que el Partido es el de toda la nación cubana y subrayó la importancia de que en las reuniones de núcleo participen también los trabajadores no militantes.  

Economistas independientes califican estas afirmaciones como pura ficción contable, incapaz de ocultar el empobrecimiento masivo y el colapso productivo que vive la ciudad. Mientras tanto, el gobierno vuelve a refugiarse en el argumento del embargo, evitando mencionar la corrupción estructural, el desvío de recursos y el control militar de los sectores clave de la economía.

La Habana, durante décadas exhibida como vitrina del proyecto revolucionario, se ha convertido en su prueba más visible de fracaso. Edificios en ruinas, apagones interminables, basura acumulada y hospitales en crisis contrastan brutalmente con el lenguaje triunfalista de los medios estatales.

El reconocimiento oficial no implica rectificación ni cambio de rumbo. Es, más bien, la admisión de que la propaganda ya no alcanza. La capital de Cuba se desmorona ante los ojos de sus habitantes y del mundo, y ni siquiera el aparato del poder puede seguir fingiendo que todo marcha bien.

Fuentes: PL- Cuba Sí- Diario de Cuba


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