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El abismo blanco: la última muralla contra el colapso del planeta

Redacción de CubitaNOW ~ viernes 6 de febrero de 2026

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Mientras la Humanidad se lanza en un desenfrenado camino hacia su autodestrucción, otro peligro acecha silenciosamente en el extremo sur del planeta. Bajo el inmenso manto helado de la Antártida se esconden procesos que podrían redefinir el futuro de la Tierra y por ende el de millones de personas. Hoy, la ciencia ha puesto el foco en uno de los puntos más frágiles del sistema climático: el glaciar Thwaites, conocido como el “glaciar del juicio final”.

Investigaciones recientes lideradas por equipos del Reino Unido y Corea del Sur han logrado perforar hasta 2,8 kilómetros de profundidad en el hielo antártico, alcanzando el lecho rocoso y extrayendo muestras con más de 1,2 millones de años de antigüedad. Estos núcleos de hielo y sedimentos permiten reconstruir el clima del pasado y comprender cómo reaccionó la Antártida en periodos de calentamiento anteriores, algo crucial para anticipar lo que puede ocurrir ahora.

El glaciar Thwaites, por sí solo, ya es responsable de alrededor del 4% del aumento anual del nivel del mar. Su colapso total podría elevar los océanos hasta 65 centímetros, una cifra suficiente para inundar ciudades costeras, desplazar a millones de personas y provocar daños económicos incalculables. El problema es que su deshielo se está acelerando debido a la entrada de corrientes oceánicas cálidas que erosionan el hielo desde abajo, debilitando su estructura.

Ante este escenario, un grupo internacional de científicos e ingenieros ha planteado una solución tan extrema como inédita: construir una barrera submarina de unos 80 kilómetros de longitud y aproximadamente 152 metros de altura. Esta “cortina” flexible, anclada al fondo marino, tendría como objetivo frenar la llegada de aguas cálidas bajo el glaciar y ralentizar su deshielo. El proyecto, conocido como Seabed Anchored Curtain Project, nace de la preocupación de que las políticas actuales de reducción de emisiones no actúen con la rapidez necesaria.

El coste estimado de esta obra colosal rondaría los 50.000 millones de euros, reflejo de la enorme dificultad técnica de trabajar en uno de los entornos más hostiles del planeta. Aun así, muchos expertos consideran que el precio de no hacer nada sería mucho mayor.

Paralelamente, las perforaciones con agua caliente han permitido instalar sensores a casi 1.000 metros de profundidad, capaces de medir en tiempo casi real cómo interactúan el océano y el hielo. Estos datos, enviados por satélite a diario, ofrecen una visión directa de la estabilidad del glaciar y ayudan a evaluar el riesgo global.

Lo que ocurre bajo el hielo antártico ya no es un misterio lejano. Es una advertencia clara: el futuro del nivel del mar, y con él el de nuestras costas y ciudades, se está decidiendo ahora mismo en el silencio helado del sur del mundo.

Fuentes: El Confidencial - Euronews


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