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Encierro de una cubana y sus dos hijos mantiene en vilo a una urbanización de Mallorca

Redacción de CubitaNOW ~ jueves 22 de enero de 2026

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Una vivienda de alto standing, con piscina y jardines cuidados, se ha convertido en el epicentro de un conflicto que combina drama familiar, tensiones vecinales y un complejo laberinto legal. En una exclusiva urbanización de Calvià, en Mallorca, una mujer de origen cubano vive desde hace meses con sus dos hijos menores en una casa que no le pertenece, mientras los propietarios aseguran sentirse atrapados en una situación sin salida.

Todo comenzó como un alquiler aparentemente normal, gestionado a través de una inmobiliaria y firmado por un ciudadano extranjero que abonó varios meses por adelantado. Durante un tiempo, nada hizo sospechar que el contrato terminaría en un problema judicial. Sin embargo, tras la ruptura de la pareja, el titular del arrendamiento se desvinculó por completo del inmueble y dejó en la vivienda a la mujer con los niños. Desde entonces, no se han vuelto a realizar pagos y los dueños no han logrado recuperar su propiedad.

La permanencia de la ocupante no solo ha generado pérdidas económicas, sino también un clima de inseguridad. Los propietarios aseguran haber recibido mensajes intimidantes y advierten que la convivencia en la urbanización se ha deteriorado notablemente. Vecinos que buscaban tranquilidad ahora conviven con patrullas policiales, discusiones y un ambiente de constante tensión, impropio de una zona conocida por su discreción y alto nivel de vida.

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Mientras tanto, la familia propietaria continúa asumiendo gastos de suministros, mantenimiento y cuotas comunitarias, sin recibir ingresos por el uso de la vivienda. A la incertidumbre financiera se suma el temor de que el inmueble sufra daños irreversibles antes de que llegue una orden judicial de desalojo.

El caso refleja una realidad que preocupa a muchos dueños de inmuebles en España: los procesos para recuperar una propiedad pueden prolongarse durante meses o incluso años, especialmente cuando hay menores involucrados. La legislación prioriza la protección social, pero en la práctica esto puede traducirse en una larga espera para quienes reclaman lo que legalmente les pertenece.

Para los vecinos, el conflicto también tiene un coste emocional. La comunidad ha elevado quejas formales y solicita una solución que devuelva la normalidad al barrio. Sin embargo, las respuestas institucionales avanzan con lentitud, y cada día que pasa refuerza la sensación de impotencia colectiva.

Entre piscinas que ya no simbolizan descanso y jardines que dejaron de ser sinónimo de calma, esta historia revela el choque entre derechos sociales, propiedad privada y vacíos legales. Un choque que, por ahora, mantiene a todos atrapados en un conflicto sin fecha clara de final.

Fuentes: OK Diario / OK Baleares


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