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Los misiles rusos no funcionaron en Venezuela durante el ataque de EE. UU.

Redacción de CubitaNOW ~ lunes 12 de enero de 2026

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La captura del exdictador Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses puso al descubierto la debilidad y el deterioro de los sistemas de defensa aérea venezolanos de fabricación rusa, y plantea serias dudas sobre la influencia real de Moscú en América Latina. Según funcionarios estadounidenses y análisis de medios como The New York Times, los avanzados sistemas S-300 y Buk-M2, que deberían haber protegido el espacio aéreo venezolano, no estaban operativos ni conectados a los radares al momento del ataque.

Estos sistemas, adquiridos entre 2009 y 2017 durante los gobiernos de Hugo Chávez y Maduro, fueron presentados como un símbolo del estrecho vínculo militar con Rusia y un elemento disuasorio frente a Estados Unidos. Sin embargo, la corrupción, la mala logística y la falta de mantenimiento hicieron que gran parte del equipo permaneciera almacenado, inoperante o deteriorado, lo que permitió a EE. UU. ejecutar la Operación Resolución Absoluta con mínima resistencia aérea.

Expertos como Richard de la Torre, exjefe de estación de la CIA en Venezuela, señalan que la responsabilidad también recae en Rusia: instructores y técnicos rusos no garantizaron la operatividad completa de los sistemas. Las exigencias militares en Ucrania y la necesidad de priorizar recursos pudieron haber limitado la atención de Moscú a su aliado latinoamericano. Incluso, algunos sugieren que Rusia pudo haber permitido discretamente que los sistemas se deterioraran para evitar un conflicto directo con Estados Unidos.

Durante el ataque, se observaron explosiones en depósitos de La Guaira y Catia La Mar, donde se almacenaban componentes de sistemas Buk y lanzadores, muchos aún sin desplegar. En la base aérea de La Carlota, imágenes mostraron columnas de humo y restos de lanzadores destruidos. Según Yaser Trujillo, analista militar, “el radar de detección no estaba activado, ni disperso, ni operativo. Fue una cadena de errores que permitió a EE. UU. operar con facilidad frente a una amenaza mínima”.

Los sistemas portátiles de misiles tierra-aire, los Manpads SA-24, tampoco cumplieron un papel relevante. Maduro había presumido de contar con 5,000 unidades listas para defender el país, pero los videos muestran disparos aislados que fueron rápidamente neutralizados por la respuesta estadounidense. La combinación de equipos inoperantes y tropas desprevenidas facilitó la captura de Maduro sin resistencia significativa desde el aire.

El fracaso de los sistemas rusos no solo refleja la incapacidad del ejército venezolano, sino que también marca un golpe para la influencia de Moscú en la región. Durante 15 años, Rusia había reforzado su presencia en América Latina, vendiendo armas y consolidando alianzas estratégicas, especialmente con Venezuela. Sin embargo, la operación estadounidense evidencia que la alianza no era tan sólida como ambos países la promocionaban.

Fiona Hill, exasesora del Consejo de Seguridad Nacional, asegura que Rusia incluso podría haber acordado con Washington permitir la operación a cambio de margen de maniobra en Ucrania. El propio ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, declaró recientemente que Venezuela, por su lejanía, no es prioridad estratégica para Moscú, y que la alianza con Caracas no es comparable a la relación con Bielorrusia.

Analistas como Brian Naranjo, exsubjefe de misión en Caracas, advierten que el prestigio ruso ha quedado seriamente dañado: “No estuvieron allí cuando Venezuela los necesitó. Han quedado expuestos como un tigre de papel”. Según él, Moscú buscaba mostrar presencia estratégica en el hemisferio occidental, pero no estaba dispuesta a arriesgar un conflicto directo con EE. UU.

Ahora, Venezuela enfrenta una nueva etapa de dependencia y negociación con Washington. Las fuerzas estadounidenses han advertido que podrían usar su presencia naval para garantizar que el país cumpla con demandas como la apertura de campos petroleros a empresas estadounidenses y la expulsión de asesores militares de Rusia, Cuba, Irán y China. La captura de Maduro, acompañada de la frase “este es nuestro hemisferio” publicada por el Departamento de Estado, subraya que EE. UU. reafirma su dominio en la región, mientras Rusia ha visto su influencia limitada a gestos simbólicos sin capacidad real de intervención.

(Con información de The New York Times)


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