Muere el cubano Eduardo Palmer, cineasta del exilio que documentó la verdad que el régimen quiso ocultar
Redacción de CubitaNOW ~ lunes 30 de marzo de 2026
El fallecimiento del cineasta cubano Eduardo Palmer marca el adiós a una de las figuras más prolíficas del audiovisual latinoamericano, un hombre que terminó desarrollando gran parte de su obra fuera de Cuba tras el triunfo de la revolución que inicialmente documentó.
Palmer no solo fue un realizador, sino un testigo incómodo de la historia. En enero de 1959, con apenas recursos pero una visión adelantada a su tiempo, filmó en color la entrada de Fidel Castro a La Habana. Aquel material, que más tarde daría lugar al documental Gesta inmortal, acabaría convirtiéndose en una evidencia de cómo la euforia inicial derivó en una realidad muy distinta para los cubanos.
Su salida de la isla en 1960 no fue casual. Como tantos otros creadores, su futuro no tenía espacio dentro de un sistema que pronto demostraría su control absoluto sobre la cultura y la narrativa nacional. Lejos de Cuba, Palmer reconstruyó su carrera y dejó una huella profunda, especialmente en República Dominicana.
En 1963 fundó Fílmica Dominicana, impulsando la infraestructura técnica del cine en ese país y formando a nuevas generaciones de realizadores. Su impacto fue tal que es considerado un pionero del cine dominicano, pese a su origen cubano.
A lo largo de su carrera, produjo una extensa obra que incluye documentales, largometrajes y programas televisivos. Entre ellos destacan títulos como Cuba, satélite 13, A solo 90 millas y Manto Negro, donde abordó temas vinculados a la identidad, el exilio y las tensiones políticas de la región.
Palmer también fue testigo directo de conflictos en América Latina, llegando a documentar hasta seis guerras en el continente. Su cámara captó tanto la esperanza como la tragedia: desde el entusiasmo de 1959 en La Habana hasta la violencia de la guerra civil dominicana en 1965.
En el exilio, continuó produciendo obras clave del cine cubano fuera de la isla, como Los Gusanos (1978) y Guaguasí (1983), filmadas en República Dominicana, en un intento de reconstruir la memoria cultural cubana lejos del control estatal.
Desde 1996 residía en Miami, donde siguió activo en la producción audiovisual, colaborando incluso con programas transmitidos por PBS. En 2015 publicó su autobiografía y donó decenas de materiales sobre Cuba, consciente de la importancia de preservar una historia que dentro de la isla permanece censurada o manipulada.
La trayectoria de Eduardo Palmer refleja la de muchos cubanos que, obligados a abandonar su país, lograron construir legado en otras tierras. Su obra, lejos de la propaganda oficial, se convirtió en un archivo visual de realidades que el régimen ha intentado borrar.
Fuente: Diario Libre