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“No vivimos pensando en qué vamos a cocinar”: la comida se convierte en preocupación que domina a los cubanos

Redacción de CubitaNOW ~ domingo 20 de septiembre de 2026

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Una reflexión de Arnoldo Fernández, residente en Contramaestre, Santiago de Cuba, describe cómo la escasez alimentaria ha convertido la comida en una preocupación permanente para muchas familias cubanas. “Los cubanos vivimos para comer. No comemos para vivir”, escribió Fernández, a partir de una conversación que, según relató, lo llevó a pensar en la relación entre hambre, memoria y vida cotidiana.

En su texto, Fernández sostiene que hablar de alimentos en Cuba dejó de ser una conversación doméstica para convertirse en una forma de medir cada jornada: qué apareció, qué falta, qué se consiguió y cuánto puede durar.

“Se nos va la vida pensando qué vamos a comer”, señala el autor, quien considera que el hambre no solo afecta la mesa, sino también los deseos, las conversaciones y hasta la imaginación.

Su reflexión coincide con los resultados de la encuesta nacional “En Cuba Hay Hambre 2025”, elaborada por Food Monitor Program y Cuido60 a partir de 2.513 respuestas en las 16 provincias. El estudio señala que el 33,9 % de los hogares consultados reportó que al menos uno de sus integrantes se había acostado con hambre durante los 30 días anteriores.

El informe también recoge que el 79,4 % de los participantes destinaba al menos el 80 % de sus ingresos a comprar alimentos, mientras el 40,6 % utilizaba todos sus ingresos con ese propósito. Además, el 47,4 % declaró haber sustituido alimentos básicos por otros debido a dificultades para conseguirlos.

Fernández resume el impacto con otra frase: “Quizás no vivimos para comer. Quizás llevamos demasiado tiempo viviendo alrededor del hambre”.

En ese contexto, la expresión de un cubano citada en el debate resume el desgaste cotidiano: “No vivimos, pensando en qué vamos a cocinar; así no hay quien viva, la vida se nos ha ido en una constante miseria”.

Para Fernández, hablar diariamente de comida no significa necesariamente amar más los alimentos, sino enfrentar una carencia que ha terminado ocupando un espacio central en cada familia cubana.

Fuente: Arnoldo Fernández


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