Oscar Pérez-Oliva Fraga: el sobrino-nieto de los Castro que podría ser el “Delcy Rodríguez” del castrismo
Redacción de CubitaNOW ~ domingo 8 de febrero de 2026
Óscar Pérez-Oliva Fraga, ingeniero electrónico de 54 años y figura ascendente dentro de la élite gobernante cubana, comienza a ser mencionado por analistas como un posible relevo presidencial en la isla. Su nombre gana peso en un escenario marcado por tensiones económicas extremas, presiones externas y la eventual apertura de negociaciones con Washington.
A diferencia de otros dirigentes, Pérez-Oliva Fraga es prácticamente un desconocido para la mayoría de los cubanos. En las calles de municipios como Bauta o en provincias como Pinar del Río, su nombre no genera reconocimiento alguno. Esa invisibilidad pública contrasta con su acelerado ascenso dentro de las estructuras de poder del régimen.
Su vínculo con la familia Castro es directo: es sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro, hijo de Mirsa Fraga Castro y nieto de Ángela Castro, hermana mayor de los históricos líderes del castrismo. Aunque comparte rasgos físicos con esa estirpe, varios expertos coinciden en que carece del carisma y la conexión popular que caracterizó a los fundadores del régimen. Para el historiador Sergio López Rivero, se trata de un cuadro sin “relación con la masa” ni construcción mítica alrededor de su figura.
Sin embargo, su fortaleza radica en otro terreno. Pérez-Oliva Fraga pertenece a una generación más joven que la envejecida cúpula gobernante y ha desarrollado su carrera principalmente en el ámbito económico. Actualmente se desempeña como viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, cargos clave que lo vinculan con GAESA, el conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas. Antes dirigió Maquimport y participó en proyectos estratégicos vinculados a la Zona Especial de Desarrollo Mariel.
El respaldo interno no es menor. El primer ministro Manuel Marrero Cruz lo ha definido como un “cuadro preparado” para asumir nuevas responsabilidades, una señal clara de confianza desde las alturas del poder. A finales del año pasado, su designación como diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular completó un requisito indispensable para aspirar legalmente a la presidencia, según establece la Constitución de 2019.
De acuerdo con esa Carta Magna, el presidente no es elegido por voto popular directo, sino por la propia Asamblea. El politólogo Carlos M. Rodríguez Arechavaleta recuerda que en Cuba la selección presidencial es un proceso cupular, basado en la lealtad ideológica y la continuidad del régimen, más que en la voluntad ciudadana.
El contexto internacional añade presión a este posible relevo. La crisis venezolana y el endurecimiento del cerco económico sobre La Habana han reavivado especulaciones sobre negociaciones con Estados Unidos. Aunque se señala a Alejandro Castro Espín como figura clave en contactos informales —negados oficialmente—, algunos analistas consideran que Pérez-Oliva Fraga podría resultar un rostro más funcional para una etapa de transición.
Otros nombres circulan, como Marrero o Roberto Morales Ojeda, pero para expertos como Sergio Ángel Baquero representan una continuidad sin matices del modelo actual. En cambio, el perfil tecnocrático y comercial de Pérez-Oliva Fraga lo coloca, al menos en teoría, como una opción capaz de gestionar ajustes económicos sin romper el andamiaje del poder.
Aun así, persisten las dudas. Su pensamiento político es poco conocido y su margen de maniobra estaría limitado por la rigidez del sistema. En una Cuba asfixiada económica y socialmente, su eventual ascenso no garantizaría cambios profundos, pero sí confirmaría que la sucesión dentro del castrismo sigue siendo un asunto de familia, control y supervivencia del régimen.
(Con información de El País)