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Persiste denuncia por el enorme basurero en el municipio San Miguel, en La Habana

Redacción de CubitaNOW ~ miércoles 28 de enero de 2026

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Un enorme vertedero improvisado en el municipio San Miguel, en La Habana, específicamente entre las calles Oquendo y Soledad, se ha transformado en una escena cotidiana de caos, insalubridad y abandono. La acumulación de desechos es tan grande que bloquea por completo el paso tanto de vehículos como de peatones, obligando a vecinos y transeúntes a buscar rutas alternativas entre montones de basura.

Bolsas rotas, restos orgánicos, escombros y desperdicios de todo tipo se amontonan sin control, generando malos olores persistentes y convirtiendo el área en un foco permanente de insectos, ratas y posibles enfermedades. Para quienes viven en la zona, la situación ya dejó de ser una molestia puntual y pasó a ser un problema de salud pública que se extiende en el tiempo sin solución visible.

La falta de una recogida sistemática de los residuos y la ausencia de mantenimiento urbano revelan un deterioro profundo de los servicios públicos. Escenas como la de San Miguel no son una excepción, sino parte del paisaje habitual de muchos barrios habaneros, donde la basura se acumula durante días —o semanas— sin que aparezca un camión de comunales.

En medio del vertedero, un hombre revisa los desechos en busca de algo que pueda reutilizar o comer. La imagen es cruda y elocuente. Contradice de forma directa los discursos oficiales que niegan la existencia de pobreza extrema en Cuba y expone una realidad que ya no se puede esconder: cada vez más personas sobreviven hurgando en la basura.

Este basurero no es un hecho aislado, sino un síntoma de una crisis urbana más amplia. Caminar hoy por La Habana es encontrarse con calles destruidas, espacios públicos abandonados, edificios a punto de colapsar y personas viviendo al límite. Antiguas tiendas emblemáticas como Ultra o Yumirí están en ruinas; los parques de atracciones permanecen cerrados o funcionan con equipos obsoletos; y la ciudad, en general, parece detenida en el tiempo.

A todo esto se suma una crisis energética asfixiante, con apagones constantes que agravan la vida diaria. Sin embargo, desde el discurso oficial se insiste en minimizar el desastre. Voces del aparato mediático del régimen, como la de Arleen Rodríguez Derivet, han llegado a relativizar los cortes eléctricos con comparaciones absurdas, afirmando que José Martí no conoció la electricidad y aun así fue un genio.

Mientras tanto, La Habana se hunde entre basura, oscuridad y abandono, y la resistencia que se le exige al pueblo ya no es épica: es simplemente sobrevivir.


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