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Por qué Putin guarda silencio tras la captura de Maduro por EE. UU.

Redacción de CubitaNOW ~ lunes 12 de enero de 2026

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La reciente captura del exdictador venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses ha dejado al mundo preguntándose por la reacción de Rusia. Maduro, una vez sentado en una silla dorada del Kremlin junto a Vladimir Putin, proclamaba la alianza estratégica entre Caracas y Moscú. Ocho meses después, se encuentra en un centro de detención federal en Brooklyn, mientras el Kremlin mantiene un silencio notable ante este hecho que históricamente habría provocado declaraciones agresivas de Moscú.

El motivo, según expertos consultados, es estratégico. Para Putin, Ucrania sigue siendo la prioridad absoluta. La guerra en Europa consume los recursos y la atención del Kremlin, y cualquier confrontación directa con Estados Unidos en otras regiones —como Venezuela— podría comprometer los objetivos de Moscú en el conflicto ucraniano. “Tiene un objetivo, que es salir victorioso en Ucrania, y todo lo demás está subordinado a ese objetivo”, afirma Hanna Notte, directora del programa sobre Eurasia del Centro James Martin de Estudios sobre la No Proliferación.

El patrón de la política rusa ha cambiado en comparación con décadas anteriores. Mientras antes Moscú habría reaccionado con amenazas, sanciones o despliegues militares ante acciones estadounidenses en Latinoamérica, hoy prefiere evitar enfrentamientos directos. Esto se evidenció no solo con la captura de Maduro, sino también en la incautación de un buque petrolero que ondeaba la bandera rusa, y en la falta de respuesta pública de Putin ante otras acciones de EE. UU. que afectan a sus aliados.

La influencia global de Rusia se ha visto erosionada en los últimos años. La invasión a Ucrania en 2022 redujo su capacidad de maniobra en Asia Central, el Cáucaso y América Latina. El colapso del gobierno de Bashar al Asad en Siria, la presión sobre aliados como Irán, y la intervención limitada frente a Trump en Venezuela son señales de un poder internacional cada vez más reducido. Según Alexander Gabuev, director del Centro Carnegie Rusia Eurasia, “la guerra de Ucrania es un agujero oscuro que consume los recursos de Rusia”, debilitando su capacidad para actuar en otras regiones.

Además, la dinámica de relaciones internacionales ha cambiado. Durante años, el Kremlin promovió la idea de esferas de influencia, buscando dividir a Estados Unidos de sus aliados europeos. Sin embargo, recientes movimientos de Trump, como la captura de Maduro y las iniciativas sobre Groenlandia, muestran que Washington sigue ejerciendo influencia decisiva en múltiples regiones, obligando a Moscú a ser cauteloso y selectivo en sus respuestas.

La captura de Maduro expone otra limitación: Rusia no puede controlar totalmente las acciones de sus Estados clientes, especialmente cuando estos se enfrentan a potencias militares nucleares como Estados Unidos. Intervenir directamente habría implicado un riesgo inaceptable de conflicto nuclear, incompatible con la prioridad estratégica de Ucrania.

Mientras tanto, el Kremlin continúa intentando afirmar su presencia en Europa y Ucrania. Las pruebas recientes de misiles balísticos, así como la preparación para un enfrentamiento prolongado en Ucrania, reflejan que Rusia busca proyectar fuerza allí donde todavía puede, mientras cede terreno en otras regiones del mundo. Como dice Mykola Davydiuk, analista político, “No pudo hacer nada en América Latina, no pudo hacer nada contra Trump, así que atacó Ucrania. Es débil en geopolítica, pero quiere subrayar que sigue aquí, en Ucrania”.

(Con información de The New York Times)


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