Programa humorístico de gobierno cubano: los días de la defensa
Redacción de CubitaNOW ~ martes 27 de enero de 2026
Realmente los llamados días de la defensa se han convertido en Cuba en un excelente programa humorístico. Desde armas obsoletas hasta manioretas que alimentan el ego de los gobernantes, todo se convierte en una pantomina desfachatada.
Escenas como la vivida recientemente en Bayamo, durante las actividades oficiales de “defensa”, terminan diciendo mucho más de lo que el propio Díaz Canel y su camarilla quisieran admitir. Funcionarios posando para las cámaras, uniformados, con armas en las manos y frases grandilocuentes sobre enemigos e invasiones, contrastan de forma tan fuerte con la realidad cotidiana que, lejos de infundir respeto o seguridad, provocan incredulidad y hasta risa entre muchos ciudadanos.
Tal es el caso de la delegada del MINTUR en Granma, Nancy Estrada Milanés, quien asegura que por donde esté ella "na pasarán". Estrada montó un paripé propagandístico digno de una primera actriz y acudió al “Día de la Defensa” en la ciudad de Bayamo cual si fuera a una fiesta.

Las poses rígidas, los gestos ensayados y las consignas repetidas parecen sacadas de una obra de teatro mal montada, donde el objetivo no es resolver problemas reales, sino construir una imagen de fortaleza que no se corresponde con lo que vive el país. Cuando la gente pasa noches enteras sin electricidad, hace colas interminables para conseguir alimentos básicos y ve cómo los servicios públicos se deterioran, resulta difícil tomar en serio estos espectáculos de supuesta preparación militar.
Más que actos de defensa, estas escenas funcionan como vitrinas de propaganda. La pregunta inevitable es: ¿defensa de qué y de quién? Porque mientras se escenifican juramentos y se levantan discursos heroicos, el ciudadano común sigue enfrentando inflación, salarios insuficientes, transporte colapsado y hospitales sin recursos. La brecha entre el discurso oficial y la experiencia diaria es tan grande que cualquier puesta en escena termina siendo interpretada como burla.
Además, las fotografías y videos difundidos en redes sociales juegan un papel clave. Las expresiones corporales, la forma en que se sostiene un arma, la exageración de los gestos, todo se analiza y se comenta. En una época donde la imagen comunica más rápido que cualquier comunicado oficial, estas poses dicen mucho sobre el tipo de “defensa” que se intenta proyectar: más simbólica que real, más dirigida a la cámara que a la solución de problemas concretos.

Para muchos, estas representaciones refuerzan la idea de que el gobierno prioriza el control del relato por encima del bienestar de la población. En vez de mostrar planes creíbles para reactivar la economía, garantizar servicios estables o frenar el éxodo masivo, se insiste en rituales políticos que ya no generan el impacto de otros tiempos. El resultado es un desgaste evidente de la credibilidad institucional.
Al final, cuando la propaganda se vuelve repetitiva y desconectada de la realidad, deja de imponer respeto y empieza a provocar risa. Y eso, en términos políticos, es una señal clara de debilidad. Porque un gobierno que necesita posar para demostrar fuerza, mientras no logra garantizar lo básico, termina revelando exactamente lo contrario: que su mayor batalla no es contra enemigos externos, sino contra una crisis interna que no logra, o no sabe, cómo enfrentar.
Del perfil de La Tijera