¿Puede Delcy Rodríguez convertirse en el “Gorbachov” de Venezuela?
Redacción de CubitaNOW ~ jueves 8 de enero de 2026
La pregunta sobre si Delcy Rodríguez, actual presidenta encargada de Venezuela, podría convertirse en una figura comparable a Mijaíl Gorbachov resulta tan sugerente como compleja. La analogía apunta a la posibilidad de que una dirigente surgida del núcleo del poder impulse transformaciones que terminen desmantelando el propio sistema que la llevó al poder. Sin embargo, el contexto venezolano y el perfil político de Rodríguez obligan a matizar cualquier comparación.
Gorbachov pasó a la historia por promover la perestroika y la glasnost, reformas destinadas inicialmente a salvar al sistema soviético, pero que acabaron acelerando su colapso. No fue un disidente externo, sino un hombre del aparato que entendió que la rigidez económica y política de la URSS era insostenible. En ese sentido, quienes se preguntan si Delcy Rodríguez podría desempeñar un papel similar observan su posición privilegiada dentro del chavismo y su rol actual en una etapa de transición marcada por presiones internas y externas.
Rodríguez no es una figura marginal. Durante años fue una de las funcionarias más leales al proyecto de Nicolás Maduro, con un discurso confrontacional frente a Estados Unidos y la oposición, y una presencia constante en los espacios clave del poder. Su llegada a la presidencia encargada no responde a una ruptura ideológica, sino a un reacomodo forzado por la crisis política, económica y de legitimidad que atraviesa el país.
A diferencia de Gorbachov, Delcy Rodríguez no ha mostrado, al menos hasta ahora, una vocación reformista profunda en el plano político. Sus mensajes se han centrado en la estabilidad, la gobernabilidad y la necesidad de reconstrucción económica, más que en la apertura del sistema o en una revisión crítica del modelo autoritario heredado. Las señales que emite apuntan a ajustes pragmáticos, no a una transformación estructural del poder.
No obstante, el contexto podría empujarla a asumir un rol inesperado. Venezuela enfrenta una economía devastada, instituciones debilitadas y una presión internacional que condiciona cualquier intento de normalización. En ese escenario, incluso reformas limitadas —como acuerdos económicos, flexibilización de controles o concesiones políticas— podrían tener efectos desestabilizadores para el sistema, del mismo modo que ocurrió en la Unión Soviética a finales de los años ochenta.
La gran diferencia radica en la intención y el margen de maniobra. Gorbachov creía en la posibilidad de reformar el socialismo y contaba con cierto respaldo interno para hacerlo. Rodríguez, en cambio, gobierna sobre un entramado de poder fragmentado, con sectores que temen perder privilegios y que podrían bloquear cualquier cambio que ponga en riesgo su supervivencia política o judicial. Además, la memoria del colapso soviético funciona como advertencia para las élites autoritarias actuales, que suelen preferir la parálisis antes que una apertura incontrolable.
Por ello, más que un “Gorbachov venezolano”, Delcy Rodríguez parece perfilarse como una gestora de transición limitada, obligada a negociar y a ceder en el terreno económico sin alterar sustancialmente el control político. Si llegara a impulsar reformas de mayor calado, estas serían más el resultado de la presión de las circunstancias que de una convicción democratizadora.