Putin no cree en bajas y redobla ofensiva a cuatro años del inicio de la guerra
Redacción de CubitaNOW ~ martes 24 de febrero de 2026
Han pasado cuatro años del inicio de la guerra y el Kremlin mantiene el rumbo en Ucrania sin señales de repliegue, aun cuando el coste humano y el desgaste interno son cada vez más visibles. La decisión de continuar la llamada “operación militar especial” se sostiene oficialmente en la idea de que los objetivos estratégicos siguen pendientes. Sin embargo, sobre el terreno y en la sociedad rusa, los datos reflejan una realidad más compleja y dolorosa.
Desde que comenzó la invasión el 24 de febrero de 2022, ordenada por el presidente ruso Vladímir Putin, el conflicto ha evolucionado hacia una guerra prolongada que ha superado todas las previsiones iniciales. Moscú aspiraba a doblegar rápidamente a Kiev, pero la resistencia ucraniana y el respaldo militar de Occidente alteraron los cálculos del Kremlin. Tres años después, el frente sigue activo y los objetivos territoriales completos en regiones clave no se han materializado.
En lo que a Cuba se refiere informes del medio El Toque señala que suman 93 los soldados cubanos fallecidos; cubanos que se alistaron pensando en obtener la remuneración prometida, su ciudadanía y mejoras para su familia.
El portavoz presidencial Dmitri Peskov reconoció recientemente que las metas planteadas no se han alcanzado en su totalidad, argumento que según afirmó, justifica la continuidad de la ofensiva. Desde la perspectiva rusa, la prioridad declarada sigue siendo garantizar la seguridad en el este de Ucrania. No obstante, esa narrativa convive con informes independientes que apuntan a un número de bajas que supera los 200.000 soldados rusos fallecidos.
Las cifras, elaboradas por medios como Mediazona y el servicio ruso de la BBC, se basan en registros oficiales y datos abiertos. Aunque el Ministerio de Defensa no actualiza públicamente el balance desde 2022, los cálculos independientes dibujan un escenario de pérdidas masivas, especialmente en pequeñas localidades. Dos tercios de los combatientes muertos proceden de ciudades con menos de 100.000 habitantes, lo que revela una carga desigual del esfuerzo bélico.
En paralelo, crece la posibilidad de nuevas movilizaciones. Analistas sostienen que el número de caídos habría superado recientemente al de nuevos reclutas, lo que obligaría a replantear la estrategia de captación de tropas. La anterior movilización parcial provocó una salida masiva de hombres en edad militar hacia países vecinos, evidenciando el temor a ser enviados al frente.
El desgaste también se percibe en la opinión pública. Según encuestas del proyecto independiente Chronicles, el respaldo incondicional a la guerra ha descendido hasta el 14 %. Aunque el miedo a represalias condiciona las respuestas, el dato refleja un enfriamiento del entusiasmo inicial. Además, un
87 % de los consultados afirma que la guerra ha tenido efectos negativos en sus comunidades, y el 60 % reconoce un impacto directo en su vida cotidiana.
La economía emerge como factor clave en esta transformación social. El aumento de precios, la presión fiscal y la incertidumbre laboral influyen en la percepción del conflicto. Para muchos ciudadanos, el apoyo ya no se define por convicción ideológica, sino por resignación o falta de alternativas.
Así, mientras el Kremlin insiste en continuar hasta lograr sus metas, Rusia enfrenta un dilema interno: sostener una guerra de desgaste que erosiona vidas, recursos y consensos, o buscar una salida que redefina sus ambiciones estratégicas.
Fuente: EFE