Seis años de cárcel para intelectual José Gabriel Barrenechea
Redacción de CubitaNOW ~ viernes 16 de enero de 2026
La condena a seis años de prisión contra el escritor y periodista independiente José Gabriel Barrenechea Chávez no solo lo separa de la vida pública y de su trabajo intelectual, sino que también lo marca con una herida que no cierra: no le permitieron despedirse de su madre mientras agonizaba. Para su familia, ese dolor es tan pesado como la propia sentencia, porque al encierro se suma la crueldad de un adiós que nunca ocurrió.
Barrenechea fue castigado por haber participado en una protesta pacífica en Encrucijada, Villa Clara, donde vecinos exigían el restablecimiento del servicio eléctrico tras más de dos días de apagón. No hubo armas, no hubo violencia, no hubo llamados al caos. Hubo, según testigos y videos, personas cansadas, pidiendo un derecho básico. Aun así, el tribunal lo declaró culpable de “desórdenes públicos” y aplicó la pena máxima solicitada por la Fiscalía, como si el reclamo ciudadano fuera un delito que mereciera años de encierro.

Pero el golpe más duro llegó entre rejas. Mientras esperaba sentencia, Barrenechea perdió a su madre, Zoila Esther Chávez, quien había quedado sola tras el arresto de su único hijo. Ella expresó en vida que su mayor deseo era verlo libre. No lo logró. Murió sin poder abrazarlo, sin una despedida, sin la posibilidad mínima de consuelo. A él, preso y aislado, tampoco le permitieron verla por última vez. Esa ausencia forzada pesa más que cualquier cifra escrita en un fallo judicial.

Para quienes lo conocen, José Gabriel no es un “alborotador”, sino un intelectual comprometido con la palabra, con el análisis crítico y con la responsabilidad cívica. Su castigo envía un mensaje que va más allá de su caso: protestar, incluso de forma pacífica, puede costar años de vida, y el sistema no dudará en convertir el dolor familiar en parte del castigo.
El Observatorio Cubano de Derechos Humanos y otras organizaciones han señalado este proceso como un ejemplo de criminalización de la protesta social. No se trata solo de sancionar un acto puntual, sino de desalentar cualquier expresión pública de inconformidad, incluso cuando surge del cansancio, la oscuridad de los apagones y la falta de respuestas.
Hoy, Barrenechea cumple una condena que no termina en los barrotes. La cumple también en la memoria de su madre, en la culpa de no haber estado, en la imposibilidad de cerrar un duelo como hijo. Seis años de prisión pueden contarse en calendarios; la pérdida de ese último encuentro no se puede medir. Es una pena que no figura en la sentencia, pero que lo acompañará para siempre.
Fuente: Cubanet