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Sin dinero, sin contactos y sin garantías: hoy protege empresas contra ciberataques en cinco países

Redacción de CubitaNOW ~ viernes 4 de septiembre de 2026

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El día que el cubano Luis Teijon y su esposa pisaron territorio estadounidense, ella lo miró con lágrimas en los ojos y pronunció una frase que parecía sellar el destino:

“Este es el día más feliz de mi vida”.

Luis la abrazó, pero su respuesta fue un aviso cargado de realidad:

Hoy es el día más feliz de tu vida y no tenemos nada. Estamos en cero. Grábate este momento, porque si algún día nos toca volver a empezar, tendrás que recordarlo”.

No imaginaba que esa advertencia no era una metáfora. Era una profecía.


El espejismo de los siete ceros

En el 2018, y con ese mandato de supervivencia en mente, Luis fundó Teisoft junto a su esposa como una pequeña firma de servicios tecnológicos. Levantarla, sin embargo, no fue una línea recta; fue una carrera de obstáculos a ciegas.

El primer proyecto —una apuesta por el reclutamiento técnico— fracasó por la inexperiencia inicial.

Lejos de detenerse, dieron un giro drástico y entraron de lleno en el desarrollo de software y la administración de infraestructuras críticas en la nube. Con un nuevo socio a bordo y jornadas interminables, la reputación de la empresa empezó a crecer.

Hasta que en 2021 ocurrió lo que todo fundador sueña: cerraron su primer contrato de siete cifras.

El equipo se multiplicó. La estructura se blindó para responder a un gigante. Durante casi un año vivieron con la certeza de que finalmente habían conquistado la estabilidad en este país.

Hasta que llegó un viernes por la tarde.

Un correo electrónico. Pocas líneas frías en la pantalla: la junta directiva del cliente había cambiado de rumbo y el proyecto quedaba suspendido de inmediato "hasta nuevo aviso".

No hubo advertencia. No hubo errores técnicos de por medio. Simplemente, el suelo desapareció bajo sus pies. Aquel aviso de reanudación nunca llegó. En cuestión de días, para evitar la quiebra total, Teijon tuvo que tomar la decisión más amarga para cualquier líder: mirar a los ojos a más de la mitad de sus ingenieros y desvincularlos.


La segunda fractura

Para la mayoría, un impacto así marca el acta de defunción de una compañía. Teisoft resistió a duras penas, pero la tormenta no había terminado.

En 2023, la tensión interna estalló. Las visiones con su socio sobre el futuro del negocio comenzaron a tomar rumbos distintos, y separar caminos se volvió el único paso lógico. La separación no fue en papel: implicó dividir clientes conseguidos tras años de sudor, repartir activos y partir el equipo a la mitad.

De la noche a la mañana, Teijon volvió a mirarse al espejo en el mismo punto de partida: Empezar de cero… otra vez.


Empezar de cero… otra vez

Perder un cliente grande te deja sin aire”, recuerda Luis. “Pero reconstruir una empresa después de una ruptura societaria te obliga a cuestionarte absolutamente todo”.

En medio de esa reconstrucción forzada, una verdad se hizo evidente: los contratos se habían reducido, parte del equipo ya no estaba, pero dos activos valiosos seguían intactos.

El primero estaba a su lado: su esposa, ingeniera en sistemas y su socia más leal. Con la misma visión compartida desde el primer día y un optimismo casi mágico que desarma cualquier tormenta, fue el ancla emocional y estratégica para no perder el rumbo. El segundo era el núcleo duro que decidió quedarse: un equipo técnico de primer nivel, ingenieros y especialistas en ciberseguridad ofensiva con un talento fuera de serie.

Y mientras la inteligencia artificial comenzaba a sacudir el mundo del software tradicional, Teijon vio con claridad el panorama:

“No sabía qué iba a pasar con el desarrollo de software convencional. Pero tenía una certeza absoluta: mientras existiera tecnología conectada a internet, alguien tendría que protegerla”.


Convertir la experiencia en una plataforma de ciberseguridad

La reconstrucción de Teisoft dejó de ser solamente un ejercicio de supervivencia. Luis Teijon y su equipo comenzaron a convertir en producto el conocimiento acumulado durante años de gestión de infraestructura y ciberseguridad ofensiva. No necesitaban inventar un negocio desde cero: ya conocían, desde dentro, uno de los problemas más costosos de sus clientes.

Las organizaciones recibían cientos de alertas de seguridad y reportes estáticos, pero carecían de una visión continua de sus activos expuestos a internet. Las responsabilidades se diluían en cadenas de correos, las correcciones quedaban sin verificar y el historial de riesgo se perdía. El problema ya no era la falta de datos, sino la falta de orden para actuar sobre ellos.

Para ordenar ese campo de batalla, los ingenieros de Teisoft crearon una plataforma centralizada diseñada para ayudar a las empresas para detectar, priorizar y solucionar fallas de seguridad en tiempo real. Lo que nació para hacer más eficiente su propia operación técnica evolucionó rápidamente en un producto propio: Teisoft Exposure Platform™.

La plataforma automatiza el rastreo continuo de todo lo que una organización tiene expuesto a internet y señala con precisión quirúrgica dónde está la amenaza real para que pueda ser corregida antes de cibercriminal se aproveche de ella. Aquella herramienta interna que nació en medio de la peor crisis hoy monitoriza y protege infraestructuras en Estados Unidos, México, Panamá, Argentina y Brasil.


Volver a empezar no es retroceder

Cuando le preguntan a Luis por la trayectoria de Teisoft, rechaza cualquier etiqueta de grandeza:

No hay nada extraordinario en mí. Todos los días veo a cubanos llegar a este país con una maleta y lograr cosas imposibles: médicos revalidando títulos, ingenieros, dueños de negocios levantándose a las cinco de la mañana. Cada vez que veo a un cubano salir adelante, me lleno de orgullo”.

Quizás por eso nunca olvidó aquella advertencia cuando pisaron suelo norteamericano. Porque después de ver caer contratos millonarios, romper sociedades y tener que reconstruir desde los cimientos, aprendió la regla de oro del inmigrante:

Empezar de nuevo no es retroceder. A veces es el único golpe de timón que te coloca exactamente donde tenías que estar.



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