Cuba no puede resignarse a sobrevivir - Padre Alberto Reyes
Redacción de CubitaNOW ~ sábado 10 de octubre de 2026
¿En qué momento sobrevivir dejó de ser una circunstancia temporal para convertirse en la rutina de millones de cubanos? Esa es una de las preguntas que atraviesa la más reciente reflexión del sacerdote Alberto Reyes Pías, quien vuelve a poner el foco en la profunda crisis que vive Cuba y en sus consecuencias sobre la vida cotidiana, los sueños y la esperanza de su pueblo.
En su publicación número 178 de la serie "He estado pensando..." , Reyes plantea que la existencia humana no puede limitarse a conseguir alimentos, soportar interminables apagones o buscar medicamentos que escasean. Su mensaje va más allá de las carencias materiales: cuestiona la resignación ante una realidad que considera incompatible con la dignidad humana y reivindica el derecho de los cubanos a vivir en libertad, construir un futuro propio y recuperar la confianza en que la isla puede ser diferente.
En su escrito, Alberto Reyes Pías parte de una idea fundamental: la vida no debería reducirse a la lucha diaria por cubrir las necesidades más elementales. Para el autor, existe una diferencia profunda entre vivir plenamente y dedicar todas las energías a resolver las urgencias de cada día, una situación que describe a través de las dificultades que afrontan numerosas familias cubanas.
El sacerdote retrata una cotidianidad marcada por las colas, el encarecimiento de los alimentos, la falta de medicamentos, los problemas con el combustible y los prolongados cortes eléctricos. A ese escenario se suma una incertidumbre persistente que resume con una pregunta que muchos ciudadanos se hacen a diario: “¿Hasta cuándo?”
Sin embargo, uno de los puntos centrales de su reflexión no es únicamente la enumeración de las dificultades económicas y sociales, sino el peligro de que la población termine acostumbrándose a ellas. Reyes advierte que normalizar las privaciones puede conducir a una pérdida progresiva de las aspiraciones personales y colectivas, hasta el punto de aceptar como inevitable una realidad que, a su juicio, no debería considerarse un destino permanente.
En ese sentido, escribe: “Un pueblo puede sobrevivir por un tiempo, pero cuando sobrevivir se convierte en la única meta, algo dentro del alma empieza a morirse”. Con estas palabras, expresa su preocupación por el desgaste emocional y social que produce una existencia centrada exclusivamente en resolver las necesidades inmediatas, sin espacio para desarrollar proyectos, disfrutar de la familia o imaginar un mañana mejor.
La reflexión también cuestiona que aquello que debería estar garantizado termine percibiéndose como un privilegio. El acceso a los alimentos, la electricidad o los medicamentos constituye una parte esencial de la vida, pero Reyes sostiene que las aspiraciones humanas no pueden detenerse ahí. La libertad, la seguridad, la educación, el empleo digno y las oportunidades para progresar forman parte, igualmente, de una vida con dignidad.
El autor introduce además una dimensión espiritual en su análisis. Desde su perspectiva, la recuperación de Cuba no depende solamente de transformaciones materiales o institucionales, sino también de la capacidad de sus ciudadanos para conservar sus valores, fortalecer sus convicciones y creer que el futuro puede ser distinto. Por eso afirma: “Cuba no necesita solamente un cambio de sistema, Cuba necesita hijos que crean profundamente que esta isla no está condenada a ser siempre lo que hoy es”.
La frase resume uno de los mensajes más significativos de su publicación: la necesidad de romper con la idea de que los problemas actuales son inevitables y de recuperar la confianza en la capacidad de la sociedad cubana para construir una realidad diferente.
Reyes también llama a comenzar ese proceso desde las acciones cotidianas. No mentir, no respaldar aquello que limita los derechos, acompañar a quienes se atreven a expresar sus opiniones y no abandonar a las personas que sufren son algunas de las actitudes que propone como punto de partida. Su planteamiento reconoce que los cambios profundos no necesariamente ocurren de inmediato, pero insiste en que la transformación social también requiere responsabilidad individual y solidaridad.
En otro de los pasajes más contundentes, sostiene que “un pueblo comienza a cambiar cuando deja de aceptar como normal aquello que lo destruye”. Se trata de una invitación a cuestionar la resignación y a no perder de vista las aspiraciones de una sociedad que necesita mucho más que soluciones temporales para sus dificultades.
La publicación concluye con una defensa del valor de los derechos humanos frente a cualquier estructura de poder. Para el autor, ningún gobierno, ideología o autoridad debería situarse por encima de la dignidad y las libertades de las personas. Su mensaje apunta, en definitiva, a la necesidad de recuperar la voz, la esperanza y la convicción de que los ciudadanos merecen una vida en la que puedan desarrollarse sin miedo.
Con esta nueva entrega de "He estado pensando...", Alberto Reyes Pías vuelve a abordar una de las cuestiones más sensibles de la realidad cubana: el riesgo de que la lucha diaria por sobrevivir termine desplazando el derecho a vivir con dignidad. Su reflexión plantea una pregunta que trasciende las dificultades del presente: "¿puede un pueblo construir un futuro diferente si termina convencido de que no merece nada más que resistir?"
Fuente: Padre Alberto Reyes Pías