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El cerco digital se estrecha: Cuba inicia 2026 con más vigilancia, miedo y autocensura

Redacción de CubitaNOW ~ miércoles 28 de enero de 2026

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El inicio de 2026 confirma una advertencia que ya venían haciendo organizaciones de derechos humanos: el aparato de control del Estado cubano entra en una fase de mayor rigidez. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos había alertado que el nuevo año estaría marcado por un incremento de la paranoia oficial, y los hechos de las últimas semanas parecen respaldar ese pronóstico.

En medio de un contexto internacional convulso —con el golpe político que supuso la captura de Nicolás Maduro, el deterioro de las relaciones con Estados Unidos y la muerte de militares cubanos en Caracas— el Gobierno de La Habana ha reforzado su discurso de plaza sitiada. Esa narrativa, una vez más, sirve de justificación para ampliar la represión interna, especialmente contra quienes se expresan en el entorno digital.

La consecuencia inmediata es un clima de temor generalizado. Hoy, una publicación irónica, un meme político o incluso la participación en una encuesta en redes sociales puede derivar en interrogatorios, amenazas o procesos judiciales. La vigilancia ya no se limita a figuras visibles de la oposición, sino que alcanza a ciudadanos comunes que utilizan internet como espacio de expresión cotidiana.

Especialistas señalan que las redes sociales se han convertido en un terreno clave de participación política informal. En Cuba, donde los canales institucionales están cerrados, lo personal adquiere una dimensión pública y política. Comentarios, bromas y experiencias individuales comienzan a circular, conectan a otros y erosionan el relato oficial desde abajo.

Un informe reciente sobre vigilancia digital confirma que estas prácticas no pasan desapercibidas para el Estado. La gran mayoría de las personas entrevistadas reportó algún tipo de represalia vinculada a su actividad en línea. Más preocupante aún es el efecto psicológico: una parte significativa de los usuarios admite haber cambiado su comportamiento, dejar de opinar o borrar contenidos por miedo a las consecuencias.

Los jóvenes ocupan un lugar central en este escenario. Dominan los códigos del humor político, la viralidad y la comunicación simbólica, y encuentran en las redes un espacio para expresar inconformidad y construir comunidad. Precisamente por eso, se han convertido en uno de los principales focos de atención de la Seguridad del Estado.

Las reacciones oficiales —detenciones, advertencias y peticiones fiscales desproporcionadas— envían un mensaje claro: el margen para la crítica se reduce aún más. En la Cuba que comienza 2026, la autocensura no es una elección, sino una estrategia de supervivencia impuesta desde el poder.


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