Descarga gratis nuestra App

El sacrificio de siempre: el pueblo paga, el poder manda

Redacción de CubitaNOW ~ martes 10 de febrero de 2026

Article feature image

Ahora toca el turno en eso de pedir sacrificios al canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla. Hablar de sacrificio desde la comodidad del poder es, como mínimo, un acto de cinismo. Cuando Bruno Rodríguez afirma en su cuenta X que “el escenario es duro y reclamará gran sacrificio”, no habla desde una cola, ni desde un apagón interminable, ni desde una mesa vacía. Habla desde un cargo vitalicio, blindado de las consecuencias reales de ese sacrificio que, una vez más, se le exige únicamente al pueblo.

El discurso no es nuevo. Cuba atraviesa “un momento difícil” desde hace décadas, y siempre hay una causa externa convenientemente señalada. Estados Unidos vuelve a ocupar el rol protagónico en una narrativa repetida hasta el desgaste: todo lo malo viene de fuera, todo lo que falla es culpa ajena, y toda solución pasa por resistir un poco más.

Resistir, por supuesto, sin alternancia política, sin rendición de cuentas y sin asumir errores propios.

Lo verdaderamente ofensivo no es el reconocimiento de la crisis —que nadie discute—, sino la forma en que se plantea. El sacrificio nunca es compartido. No hay llamados a recortar privilegios en la cúpula, ni a transparentar decisiones económicas fallidas, ni a devolver al ciudadano el derecho a decidir. El sacrificio es siempre vertical: de arriba hacia abajo, del poder hacia la gente, pero solo en forma de órdenes.

Mientras se habla de “voluntad política del pueblo”, ese mismo pueblo carece de herramientas reales para expresar su voluntad. No vota libremente, no elige entre opciones distintas, no puede fiscalizar a sus gobernantes ni cambiar el rumbo del país por vías democráticas. Invocar su voluntad en ese contexto no es resistencia: es apropiación del discurso ciudadano para justificar la inmovilidad del sistema.

También resulta difícil tomar en serio los llamados al diálogo cuando la discrepancia sigue siendo castigada. ¿Diálogo con quién? ¿Bajo qué condiciones? Un diálogo auténtico no se proclama en redes sociales mientras se encarcela, se silencia o se empuja al exilio a quien piensa diferente.

El cansancio social es evidente. No se trata de falta de patriotismo ni de resistencia moral. Se trata de una población agotada de sacrificarse sin ver resultados, de promesas sin cumplimiento y de explicaciones que ya no convencen. Un país no se sostiene eternamente pidiendo aguante; se sostiene ofreciendo futuro.

Seguir pidiendo sacrificios sin cambios reales no es liderazgo. Es descaro. Y cada vez son menos los cubanos dispuestos a aceptarlo como algo normal.

Fuente: AFP


Recomendado para ti

Tambien te puede interesar