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Irán en ebullición: claves para entender las nuevas protestas contra el régimen

Redacción de CubitaNOW ~ sábado 3 de enero de 2026

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Irán atraviesa una nueva ola de protestas masivas marcada por el deterioro económico, la frustración social acumulada y un rechazo cada vez más abierto a la cúpula del poder. Lo que comenzó como un reclamo por la crisis financiera ha derivado en consignas abiertamente políticas que cuestionan la continuidad del sistema gobernado por el líder supremo Ali Jamenei.

Las manifestaciones estallaron el domingo y en sus primeras horas fueron mayormente pacíficas. Sin embargo, con el paso de los días se intensificaron y se extendieron desde Teherán hacia ciudades clave como Isfahán, Mashhad y varias localidades del oeste del país. Medios iraníes han informado de al menos seis muertos en enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, un dato que subraya el rápido deterioro de la situación.

El colapso de la moneda como detonante

El desplome del rial iraní ha sido el factor inmediato que encendió la mecha. Actualmente, un dólar estadounidense supera los 1,45 millones de riales, cuando hace apenas un año rondaba los 820.000. Para un trabajador promedio, el salario mensual equivale a poco más de 100 dólares, lo que hace que la compra de alimentos básicos consuma prácticamente todos sus ingresos.

En un país altamente dependiente de las importaciones, este shock inflacionario tiene consecuencias inmediatas y profundas. Los precios de los alimentos, los medicamentos y los servicios esenciales se han disparado, erosionando los ahorros de millones de familias. Para muchos iraníes, la crisis ya no se percibe como un problema coyuntural, sino como la prueba de un fracaso estructural del modelo político y económico.

De la protesta económica al desafío político

Aunque el malestar económico fue el detonante, el núcleo de las protestas es político. Las consignas escuchadas en las calles —como “muerte al dictador” o “mujer, vida, libertad”— reflejan una continuidad con levantamientos anteriores, especialmente los de 2017-2019 y las protestas de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini. A diferencia de ciclos previos, las demandas de reformas graduales han perdido fuerza: cada vez más manifestantes exigen un cambio de régimen.

Este nuevo estallido combina la experiencia de protestas pasadas, la memoria de la represión violenta y una crítica cultural más profunda al sistema. Esa acumulación explica tanto la radicalidad del discurso como la capacidad de resistencia del movimiento.

El bazar, una señal histórica

Un elemento especialmente significativo es el papel del bazar. Las protestas comenzaron con huelgas de comerciantes, algo que tiene un fuerte simbolismo histórico. El bazar ha sido durante décadas un pilar económico y social del sistema, e incluso desempeñó un rol clave en la Revolución Islámica de 1979.

Que los comerciantes se sumen al descontento indica que la crisis ha alcanzado el corazón tradicionalmente conservador del país. Las huelgas afectan el abastecimiento y envían una señal clara de que la situación económica se ha vuelto insostenible incluso para sectores que antes respaldaban al régimen.

Una crisis que golpea la vida cotidiana

El impacto de la crisis va más allá de los precios. Los cortes de agua y electricidad son cada vez más frecuentes, especialmente en zonas urbanas, y el acceso a productos básicos se ha vuelto irregular. Ya no se trata solo de los sectores más pobres: amplias capas de la clase media urbana están siendo arrastradas por el deterioro.

Esta realidad explica en parte la disposición de muchos ciudadanos a asumir mayores riesgos. Para quienes sienten que ya no tienen nada que perder, la amenaza de la represión pierde capacidad disuasoria.

Represión, nerviosismo y discurso externo

La respuesta del régimen ha combinado mensajes de calma con una represión temprana y visible. El uso de gases lacrimógenos y disparos contra manifestantes ha circulado ampliamente en redes sociales. A diferencia de otras ocasiones, la rapidez con la que se recurrió a la fuerza revela el nerviosismo de las autoridades.

Paralelamente, el Gobierno ha vuelto a culpar a servicios de inteligencia extranjeros, especialmente de Estados Unidos e Israel, de fomentar las protestas. Sin embargo, para muchos iraníes este discurso ya no resulta convincente y refuerza la percepción de que el liderazgo está desconectado de la realidad.

En conjunto, las protestas actuales reflejan una sociedad exhausta, golpeada por la crisis y cada vez menos dispuesta a aceptar un sistema que percibe como incapaz de ofrecer soluciones. Irán vuelve a asomarse a un punto de inflexión cuyo desenlace sigue siendo incierto.

Fuente: DW


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