Lara Crofs enfrenta la homofobia del poder
Redacción de CubitaNOW ~ miércoles 25 de febrero de 2026
"Basta de disfrazar homofobia de ´crítica política´. Decir que ´la mayoría de los opositores son gays o lesbianas´ y que el ´gobierno de EEUU los usa´ no es análisis coherente; es veneno puro, una herramienta clásica de regímenes autoritarios como el nuestro para deslegitimarme y distraer del fracaso real"
afirma la activista Lara Crofs en un sentido y desafiante mensaje.
En La Habana, bajo un cielo pesado y una ciudad que respira cansancio, Lara no siente miedo... ¡siente furia! Una furia limpia, clara, nacida no del odio sino de la decepción. Porque lo que ha recibido no es debate, no es confrontación política, no es diferencia de ideas. Es el viejo veneno reciclado de siempre: la homofobia convertida en arma.

Decir que “la mayoría de los opositores son gays o lesbianas” y que por eso están “usados” por potencias extranjeras no es análisis. Es propaganda burda. Es una estrategia de manual que los seguidores de la dictadura repiten como eco disciplinado, intentando reducir la disidencia a una caricatura sexual. No buscan argumentos; buscan deshumanizar. No pretenden discutir; pretenden señalar, marcar, aislar.
Crofs siente indignación porque reconoce el patrón. Es el mismo mecanismo que durante décadas ha intentado asociar la diversidad con debilidad, la orientación sexual con traición, la identidad con sospecha. Es la misma narrativa que necesita fabricar enemigos internos cuando no puede ofrecer resultados reales. Cuando faltan respuestas, inventan culpas. Cuando sobran fracasos, buscan chivos expiatorios.
La decepción pesa más que la rabia. Duele comprobar que todavía haya quienes aplauden este discurso, quienes lo comparten, quienes lo justifican bajo el disfraz de “libertad de expresión”. Pero no, no es libertad atacar la orientación sexual de alguien para invalidar su voz. No es opinión repetir prejuicios que históricamente han servido para excluir, humillar y destruir vidas. Eso tiene nombre: homofobia. Y cuando se normaliza desde el poder o se replica para protegerlo, es homofobia de Estado.
En La Habana, Lara no solo enfrenta comentarios; enfrenta una estructura mental que necesita convertir la diversidad en amenaza para sostenerse. Los seguidores de la dictadura lo saben, aunque no lo admitan: si tu argumento depende de desacreditar quién ama a alguien, es porque no tienes un argumento real. Si tu defensa del sistema consiste en señalar la orientación sexual del crítico, es porque temes el debate honesto.
La furia de Lara Crofs no es capricho; es dignidad herida. Es el cansancio de tener que explicar que ser LGBTQ+ no es una debilidad, no es una conspiración, no es una etiqueta útil para descalificar ideas. Es simplemente una parte legítima de la condición humana.
"Quien recurre a esto no tiene argumentos; tiene miedo al debate honesto y prefiere el odio barato. Que nadie me venga con el cuento que esto es libertad de expresión, porque no lo es para nada, esto es complicidad con la discriminación que mata, excluye y envenena sociedades enteras"·
Y, aun con el corazón golpeado, ella no retrocede. Porque sabe que el silencio sería complicidad. Porque entiende que cada palabra que denuncia desmonta un poco el andamiaje del prejuicio. La homofobia no debate: intenta aplastar. Pero cada vez que alguien la nombra y la expone, pierde fuerza.
En medio del ruido, Lara Crofs se mantiene firme. Con sueño, quizás. Con cansancio, seguro. Pero con el corazón despierto y la convicción intacta de que ningún régimen puede sostenerse eternamente sobre el odio.