Las grandes verdades de Ulises Toirac: “Ni con los indios ni con los cowboys”
Redacción de CubitaNOW ~ lunes 2 de febrero de 2026
El humorista y escritor cubano Ulises Toirac publicó un extenso y reflexivo mensaje en sus redes sociales, motivado —según confiesa— por el cansancio acumulado, el clima de confrontación digital y la dura realidad cotidiana que atraviesa el país. “El frío, la gritería online y algunos ‘estás con los indios y los cowboys’ (…) me tienen aburrido”, escribió, antes de dejar claro que lo que sigue no es una consigna ni una pose política, sino una mirada personal nacida de la experiencia diaria.
Toirac comienza aclarando un punto que suele generar sospechas automáticas en redes: su forma de subsistencia. Afirma que vive de lo que escribe y de “alguna otra entrada”, sin monetizar sus plataformas ni recibir dinero por sus publicaciones. Subraya además que no vive con lujos y que su realidad es conocida por quienes lo rodean. Desde ahí establece una premisa clave: opina desde cómo vive, no desde una ideología importada.
"Mis redes no están monetizadas y ni siquiera tienen cosito verde porque además vivo en un país al que no se le permite (y me gustaría saber cómo hay algunos de la clariedad que sí). Y nadie me manda dinero por lo que escribo".
Uno de los ejes centrales del texto es su rechazo a la lógica binaria. “Ni con los indios ni con los cowboys”, afirma, criticando la incapacidad de muchos para leer, pensar o debatir sin caer en etiquetas. Se posiciona del lado de quienes viven al límite: los que caminan kilómetros para ahorrar, los que no tienen planta eléctrica, los que no logran cubrir el mes con su salario, los que dejan de comer durante el día para poder hacerlo al final. Reconoce incluso su propio privilegio relativo cuando amigos le ayudan a “navegar el mes”, insistiendo en que tener criterio propio nace del día a día.
Sobre el bloqueo —o embargo o sanciones— es categórico: no lo quiere, porque “solo aprietan al de abajo”. A partir de ahí desmonta la idea de una sublevación masiva como salida inmediata, señalando la ausencia de liderazgo, el daño histórico al disenso y las divisiones dentro de la propia oposición.
"Casi 70 años de política de ´tierra arrasada´ contra el disenso. Aquí desde 1959 nadie pudo dar una nota discordante porque, como dice el filósofo y doctor en ciencias Antolín el Pichón: ´El que me haga sombra, se va´. La propia oposición hace el trabajo del G2. No hay media vez que surja una cabeza opositora, y allá va el resto («influencers» a la vanguardia) a sacar trapo sucio y desprestigiar.
" Y además del cabrón liderazgo, el vacío de poder... Después de tumbar al desGobierno... ¿qué hay en el menú? Hablo de poderes, no de gente. ¿Quién pone la primera piedra? (tirarla un millón, ponerla)".
También cuestiona escenarios externos idealizados. Descarta la anexión a Estados Unidos y pone en duda tanto la viabilidad política como el costo económico de una intervención. Advierte además sobre el peligro real de un enfrentamiento militar:
"EEUU no va a anexarse a Cuba. Ni de coña. Bue... Este mundo está tan loco que pudiera suceder pero tendrían que acallar a millones de patriotas (no sé si entienden que patriotismo y anexión son ideas excluyentes) y levantar una economía prácticamente de cero. ¿Ya vieron lo que pasó con las petroleras y Venezuela? «Gracias presidente, pero eso está de p***». Bueno, pues en destrucción les llevamos 45 años de ventaja...
"El problema del enfrentamiento militar (que tiene adeptos del tipo «los misiles van a puntos») es que aquí hay gente que van a alistarse para hacer guerra. Ok, con tirapiedra, pero tendrán que echarles y ahí es donde viene la cagazón. Porque aquí se escapa un tiro y le da a una columna, y se cae la cuadra. Por otro lado. Y «la consigna está dada» y toda la guapería está echada. Además no creo sea vía plausible para Rubio (que es el que dirige el tinglado cuando Trump se duerme) ni pasándole por encima al Congreso de los EEUU. La suma de eventos internos y externos hacen precario el capital politico para una guerra en el traspatio. ¿Que me equivoco? Ok, puede ser. Veremos"
En cuanto a la responsabilidad interna, Toirac reconoce la influencia del embargo, pero insiste en los errores acumulados por décadas. Señala decisiones absurdas, políticas fallidas y una cadena interminable de rectificaciones que no cambian el método. Critica duramente la desconexión de la cúpula con la población y el recurso constante al inmovilismo, el secretismo y el discurso ideológico en medio de una policrisis profunda.
El texto cierra con una mezcla de ironía, hastío y lucidez. No ofrece soluciones simples ni héroes instantáneos. Es, más bien, el testimonio de alguien agotado por los apagones —eléctricos y mentales— que pide, al menos, pensar sin empujarse.