Mike Hammer: “Los represores no representan al pueblo cubano” (video)
Redacción de CubitaNOW ~ domingo 1 de febrero de 2026
Mientras el discurso oficial insiste en que en Cuba “no se persigue a quienes piensan diferente”, los hechos vuelven a contar otra historia. Apenas días después de que el funcionario del Partido Comunista, Humberto López —conocido como “Legañoa”— afirmara en la televisión nacional que en la Isla no existe persecución política, un acto de repudio fue organizado este sábado en Trinidad contra Mike Hammer, jefe de misión de la Embajada de Estados Unidos en La Habana.
El incidente ocurrió en una ciudad patrimonial y turística, lejos de cualquier escenario de confrontación diplomática formal. Un grupo de personas, convocadas de manera organizada, rodeó al diplomático entre consignas, gritos y actos de hostilidad, en una escena que remite a prácticas largamente documentadas por organizaciones de derechos humanos y que el propio Estado cubano niega sistemáticamente.
La contradicción es evidente: si el Gobierno asegura que no reprime a los opositores ni a quienes expresan ideas distintas, ¿cómo se explica un acto de repudio contra un representante diplomático extranjero? Y, más aún, ¿qué queda entonces para los ciudadanos cubanos que no cuentan con inmunidad ni visibilidad internacional?

El propio Mike Hammer reaccionó con mesura. En declaraciones posteriores, subrayó que las personas que participaron en el acto “no representan al cubano de a pie, al pueblo verdadero”. Una afirmación que apunta al carácter artificial y dirigido de este tipo de acciones, tradicionalmente promovidas por estructuras oficiales y no por una reacción espontánea de la sociedad.
Los actos de repudio, lejos de ser expresiones populares, han sido históricamente utilizados como herramienta de intimidación política. Intelectuales, activistas, periodistas independientes y ciudadanos comunes han sido blanco de estas prácticas por ejercer derechos básicos como opinar, manifestarse o relacionarse con actores internacionales.
El caso de Trinidad no es un hecho aislado, sino una confirmación. Cuando el poder necesita reafirmar su relato, los hechos suelen desmentirlo. Y si así se actúa frente a un diplomático extranjero, la pregunta se impone sola: ¿qué puede esperar un cubano que piense diferente, sin cámaras, sin protección y sin voz en los medios oficiales?