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Pelota cubana en caída libre, SNB pierde credibilidad

Redacción de CubitaNOW ~ sábado 17 de enero de 2026

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La Serie Nacional de Béisbol 64 llega a su tramo final con el pulso acelerado y las costuras a la vista. No por la épica del juego —que siempre aparece, incluso en los contextos más adversos— sino por una estructura competitiva que, lejos de proteger la justicia deportiva, la ha dejado expuesta, vulnerable, casi indefensa... ¡una vez más!

El periodista Boris Luis Cabrera, certero y muy oportuno en sus comentarios, nos acerca a esta lamentable situación que no enturbia el papel realizado por el Villa Clara del veterano mánager Ramón Moré pero que sí enfatiza sobre la vulnerabilidad y pésima gestión de la comisión nacional de béisbol.

"Lo ocurrido en el duelo entre Leopardos de Villa Clara y Toros de Camagüey no fue un hecho aislado ni un simple accidente de juego. Fue la escena final de una obra mal montada, la gota que terminó por desbordar un vaso agrietado desde hace semanas. Un desenlace que no engrandece a nadie y que obliga a detenerse, respirar hondo y mirar el campeonato con espíritu crítico.

"Resulta inconcebible —y difícil de justificar desde cualquier lógica deportiva— que un equipo haya tenido que disputar nueve partidos pendientes una vez concluido el calendario regular para buscar su clasificación ¡nueve!

"Casi una miniserie dentro de un torneo que ya había cerrado sus compuertas. Mientras tanto, sus rivales llegaban a esos compromisos desde realidades opuestas pero igualmente problemáticas: unos ya clasificados, otros eliminados; todos, sin objetivos reales que defender.

"Los Leñadores de Las Tunas, con el boleto asegurado, comparecieron sin la urgencia que define las grandes batallas. Alazanes de Granma y Toros de Camagüey, ya fuera de combate, lo hicieron sin presión, sin incentivos, y —lo más grave— después de varios días sin entrenar y con ausencias notables en sus alineaciones.

"El terreno, que debería ser un altar de igualdad, se convirtió en un escenario desequilibrado, donde no todos llegaban con las mismas armas ni la misma disposición.

"Y no se trata, conviene subrayarlo, de cargar culpas sobre los Leopardos de Villa Clara. Todo lo contrario. Los naranjas han salido cada día a jugar béisbol, a competir con la seriedad que exige el uniforme y con el hambre legítima de quien aún pelea por su destino. Han hecho lo que corresponde a un equipo profesional: jugar, ganar, resistir. El problema no es de ellos. El problema es del sistema que los colocó —y colocó a otros— en una situación profundamente injusta.

"Porque tampoco ha sido justo con los Vegueros de Pinar del Río, un equipo que tuvo que batirse durante toda la temporada en igualdad de condiciones, sin ventajas diferidas ni calendarios remendados, enfrentando a rivales motivados, completos y en plena dinámica competitiva. La comparación duele, porque evidencia una grieta seria en la credibilidad del torneo.

"Lo sucedido fue, además, una imagen dolorosa para el béisbol cubano. Camagüey, tras dos derrotas por fuera de combate, ganaba por cinco carreras en el noveno episodio. Y entonces llegó el desenlace más amargo: jugadores de posición encaramados en el montículo, lanzando pelotazos, regalando bases por bolas, entregando el juego como quien arroja una bandera blanca antes de tiempo.

"El racimo de seis anotaciones de Villa Clara dejó a los Toros tendidos en el terreno, pero también dejó tendida la dignidad competitiva del espectáculo. No fue un final épico. Fue un final triste. Una escena que ningún campeonato serio debería permitir y que ningún aficionado merece presenciar.

"La Serie Nacional, patrimonio emocional de este país, no puede darse el lujo de normalizar estas fisuras. La planificación, la equidad competitiva y el respeto al juego deben estar por encima de cualquier improvisación. Cuando la épica nace del desorden y no del talento, algo está profundamente mal.

Lástima lo sucedido. Es vergonzoso para nuestro béisbol y, sobre todo, es una advertencia clara: esto no debe volver a ocurrir jamás.

"Porque el béisbol cubano merece finales vibrantes, no desenlaces manchados por la desorganización, y porque la pasión del público exige justicia, no parches".

Fuente: Boris Luis Cabrera


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