México camina sobre la cuerda floja ante la ofensiva de Trump contra Cuba
Redacción de CubitaNOW ~ martes 10 de febrero de 2026
La decisión del presidente estadounidense Donald Trump de endurecer su política hacia Cuba ha colocado a México en una posición incómoda, obligándolo a maniobrar entre una alianza histórica con La Habana y una relación estratégica cada vez más tensa con Washington. Según un reportaje del The New York Times, las recientes amenazas de la Casa Blanca contra los países que suministren petróleo a Cuba han tenido como principal destinatario indirecto al gobierno mexicano.
Trump declaró recientemente una “emergencia nacional” al acusar a Cuba de albergar intereses hostiles a Estados Unidos, incluidos supuestos vínculos con Rusia, Irán y grupos considerados enemigos por Washington. A esta declaración le siguió una advertencia clara: cualquier país que venda o facilite petróleo a la isla podría enfrentar fuertes sanciones comerciales y arancelarias.
México, uno de los pocos países que aún mantenía envíos de crudo a Cuba, quedó rápidamente bajo el radar. De acuerdo con el New York Times, Trump llegó incluso a afirmar que había solicitado directamente a la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, que interrumpiera esos suministros.
La relación entre México y Cuba se ha sostenido durante décadas sobre una base de cooperación política, cultural y diplomática, incluso en los momentos más tensos de la Guerra Fría. Tras el triunfo de la Revolución cubana en 1959, México fue el único país latinoamericano que mantuvo relaciones diplomáticas con La Habana, desmarcándose de la línea impulsada por Estados Unidos en la región.
Sin embargo, ese legado histórico choca hoy con una realidad geopolítica compleja. Sheinbaum enfrenta el desafío de preservar esa relación simbólica con Cuba sin poner en riesgo los intereses económicos de México, cuya economía depende en gran medida del comercio con Estados Unidos, su principal socio comercial.
El gobierno mexicano ha optado por una estrategia de bajo perfil. Aunque ha reiterado su rechazo al embargo estadounidense contra Cuba, México no ha realizado envíos de petróleo a la isla desde inicios del mes pasado. En una conferencia de prensa reciente, Sheinbaum denunció lo que calificó como sanciones “injustas” contra cualquier país que intente auxiliar a Cuba, y defendió la ayuda humanitaria enviada por su gobierno.
Según explicó, México desplegó dos buques de la Armada con más de 800 toneladas de alimentos y productos de higiene, subrayando que la solidaridad humanitaria no debería ser objeto de represalias internacionales.
Cuba atraviesa una de las peores crisis energéticas de su historia reciente. La isla dependía en gran medida del petróleo venezolano, pero esa vía se redujo drásticamente tras el endurecimiento de la política estadounidense hacia Caracas. Trump cortó los envíos que, de manera indirecta, terminaban abasteciendo a La Habana, lo que dejó a Cuba recibiendo apenas una fracción del combustible que necesita para sostener su sistema eléctrico y su economía.
México llegó a enviar alrededor de 22.000 barriles diarios de crudo a Cuba, cifra que se redujo progresivamente hasta unos 7.000 barriles a finales de 2025, según datos citados por el New York Times a partir de especialistas en energía. El último envío se produjo a principios de enero.
Para enfrentar la presión, el gobierno de Sheinbaum ha intentado establecer una distinción entre los contratos comerciales firmados entre Pemex y el gobierno cubano y los envíos con carácter humanitario. Además, ha propuesto abrir canales diplomáticos con Washington y ha ofrecido a México como posible mediador en un eventual diálogo entre Estados Unidos y Cuba.
Desde La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel ha expresado disposición a conversar, mientras Trump ha advertido públicamente que Cuba debería “llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”.
El trasfondo ideológico también pesa. Analistas citados por el New York Times señalan que el partido Morena, fundado por Andrés Manuel López Obrador y al que pertenece Sheinbaum, mantiene una visión histórica y sentimental de Cuba, percibida como una víctima del poder estadounidense. Esa lectura contrasta con sectores conservadores mexicanos que cuestionan la cercanía del gobierno con el régimen cubano.
A lo largo de su historia, México ha sido tanto refugio como puente para cubanos de distintas tendencias políticas, y ha desempeñado en varias ocasiones el papel de intermediario entre Washington y La Habana. Pero el contexto actual, marcado por amenazas comerciales, tensiones migratorias y disputas energéticas, limita ese margen de maniobra.
Como advirtió un exdiplomático mexicano citado por el diario neoyorquino, el país se encuentra atrapado entre dos realidades: una dependencia económica ineludible de Estados Unidos y una afinidad política e histórica con Cuba que hoy resulta cada vez más costosa.
En ese equilibrio frágil, cada decisión energética se convierte también en una jugada política, con consecuencias que van mucho más allá del suministro de petróleo.