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“Vamos a seguir echando la pelea… a la basura”, Marrero Cruz y su llamado a limpiar la ciudad

Redacción de CubitaNOW ~ sábado 28 de febrero de 2026

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Manuel Marrero Cruz, primer ministro de Cuba, ha vuelto a convertirse en el protagonista de polémicas declaraciones que, más que informar, parecen diseñadas para mantener un show mediático. Su frase reciente: “vamos a seguir echando la pelea…”, pronunciada en La Habana, refleja un patrón preocupante: un exceso de retórica que intenta proyectar acción, pero que carece de resultados concretos y tangibles.

Marrero insiste en movilizar a la población el fin de semana para higienizar la ciudad y las imágenes son elocuentes con cuatro personas en un mismo sitio y una escoba con una bolsa para echar basura con un recogedor, cuando los montones de desechos sólidos inundan la gran urbe.

Lo que preocupa no es solo el contenido de sus palabras, sino el contexto en el que se pronuncian. Marrero Cruz insiste en hablar por gusto, repitiendo consignas y slogans que evocan heroísmo o resistencia, sin ofrecer un plan claro ni soluciones efectivas a los problemas que enfrentan los ciudadanos. La demagogia, en este sentido, se convierte en un escudo que distrae de la realidad: una economía en crisis, limitaciones en el acceso a bienes básicos y una ciudadanía que demanda respuestas más que discursos vacíos.

Su insistencia en hablar “por la pelea” podría interpretarse como un intento de reforzar la narrativa de unidad frente a amenazas externas, como las tensiones con Estados Unidos y los ecos de la administración de Donald Trump. Sin embargo, este tipo de retórica se convierte en demagogia cuando se usa para evadir responsabilidades internas, desviando la atención de los problemas nacionales hacia enemigos imaginarios o situaciones externas. Mientras la población vive restricciones económicas y sociales, Marrero Cruz dedica sus intervenciones a frases grandilocuentes que poco aportan al bienestar colectivo.

Además, la historia reciente demuestra que los discursos de Marrero Cruz a menudo carecen de seguimiento. Promesas de “pelea” o de “resistencia” se repiten año tras año, pero los indicadores económicos y sociales no muestran mejoras significativas. Esta práctica erosiona la credibilidad de cualquier líder y transforma la política en un espectáculo vacío, donde las palabras sustituyen a las acciones.

En un escenario global donde la información circula rápidamente, la insistencia de Marrero Cruz en hablar sin sustancia no solo refleja demagogia interna, sino también un riesgo de aislamiento internacional. Mientras otros países buscan soluciones pragmáticas y diálogo constructivo, Cuba se enfrenta a la percepción de un liderazgo atrapado en su propio teatro político, priorizando la apariencia de lucha sobre la resolución efectiva de problemas.

En definitiva, la insistencia de Marrero Cruz en “hablar por gusto” ejemplifica una forma clásica de demagogia: palabras grandiosas, promesas vacías y la constante evasión de la realidad tangible de la población. El verdadero desafío para Cuba no es hablar de la pelea, sino demostrarla con hechos y políticas que realmente transformen la vida de sus ciudadanos.

Fuente: Alberto Arego


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